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Carlos Condarco Santillán

INVOCACIÓN

Madre del Redentor, Virgen Morena,

prende la llama viva de mi canto;

en medio de la magia y el encanto

de esta tierra de lagos y de arena.

Acudo a ti, como el mitayo en pena;

o como aquel Chiru-Chiru cuyo espanto

sosegóse en tu amor y el propio llanto

contrito, redimiendo su condena.

Virgen del Socavon, en tu candela,

la tierra de los urus su fe enciende;

como fuego votivo, eterna, vela,

en el paisaje inmenso que se extiende

—de los hombres memoria milenaria—

bajo tus pies, Divina Candelaria.

II

LOS DIOSES

En perfiles de pórfido y granitos,

de los urus la sacra serranía,

encunó la inicial epifanía

en la clave y enigma de los mitos.

Comunión con los dioses, en los ritos

Se fundían los sellos. La armonía

del Cosmos se hizo amor; que, todavía,

alienta en horizontes infinitos.

Y narra la leyenda que se ahinca

en la memoria secular presente

que Wari, la deidad ignipotente

un día de la Ñusta, hija del Inca,

prendóse con amor irreverente

que su ígneo corazón funde y afinca.

III

LA ÑUSTA

La Ñusta de belleza peregrina

endrina cabellara, tez de rosa,

rechaza a Wari informe. Misteriosa

presencia del volcán, también divina.

Ignífera deidad que se confina

en profunda espelunca tenebrosa;

donde la oscuridad, ciega, reposa

velando los filones de la mina.

Wari, violento Dios, arrebatado

de furia incontenible, que desata

lo que en su ser ambiguo de malvado

es estigma del dios. En escarlata,

las cúspides florecen del nevado

en cuyo seno lucen oro y plata.

IV

WARI

Cual lava del volcán que todo arrasa,

La furia del señor de los abismos

—furores que se nutren por sí mismos—

no halla quietud, porque el amor abrasa

su pecho; más ardiente que la brasa

calcinante del fuego de los sismos.

Y en la tierra de lagos y espejismos

Azorada, testimonió la raza,

secular de los urus, el terrible

combate que libraron las deidades.

El despechado Wari con su hueste

teratológica, innúmera y horrible

—cuya presencia vence eternidades—

Y la hija del Sol Ñusta Celeste.

Cotochullpa, carnavales del 2020