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La imprenta llegó relativamente tarde al territorio que actualmente ocupa Bolivia, antigua jurisdicción de la Real Audiencia de Charcas, por diversos factores, entre los cuales sobresale el hecho de que los reyes de España privaron por varios siglos de las ventajas de la difusión de los libros y el uso de la imprenta en sus colonias que no sea con fines de catequización “para impedir” de esa manera “la instrucción y la ilustración”[1] de sus habitantes, con el propósito de que éstos no se impregnaran —por estos medios— de los ideales que impulsaron los grandes movimientos revolucionarios que tuvieron lugar en distintas latitudes del orbe, y para evitar, a su vez, que los americanos adopten similar camino.

A pesar de las aludidas restricciones es bueno tener presente que la imprenta fue introducida en las colonias españolas de América en 1533, año en el que el “Obispo franciscano, Fray Juan Zumárraga, trae a la ‘Nueva España’, hoy México, la primera imprenta.  El prelado de México es quien se apersona para importar el invento a las tierras descubiertas por Hernán Cortés.  Los primeros impresores se llaman: Esteban Martín, en 1535 y Juan Pablos (Giovanni Pauli), en 1539”.[2]

Esa acción obstructora contra el libro y la imprenta, fue sistemáticamente llevada a la práctica mediante un sinnúmero de Cédulas Reales que prohibían expresamente tanto la circulación de libros cuanto al uso de la imprenta en todas las colonias españolas.  León M. Loza (1878-1955), a manera de ejemplo, cita las siguientes disposiciones emitidas por la Corona sobre el particular:

“…La de 8 de agosto de 1686 y otras que en los archivos del Verreinato de Lima corren bajo los Nos. 342, 675, 1672, 1688, 2157, ordenándose en esta última la censura previa para toda clase de publicaciones: la que corre bajo el No. 2559, ordena la supresión de la libertad de la imprenta.  La R. C. de 3 de mayo de 1688 dispone se estanque en el Perú y se aplique su producto a la manutención de fuerzas marítimas.  Otra de 11 de febrero ordena que en ningún tiempo se permita la impresión de libro alguno que trate de la historia de Indias, sin previa licencia del Consejo de ellas, ni su transporte sin la dicha licencia”.[3]

En 1581[4] funcionaba otra imprenta en el Perú, que, cronológicamente viene a ser la segunda en América.

En Charcas existió una imprenta aproximadamente desde 1610, situada en Juli —pueblo “que pertenecía a la jurisdicción de la Audiencia de Charcas, en virtud de la cédula de 26 de mayo de 1573”[5]— en la que fue editado el Vocabulario de la Lengua Aymara de Ludovico Bertonio (1557-1625), en 1612, primera impresión conocida en el territorio que ocupaba la referida Audiencia.

No obstante la existencia de las mencionadas imprentas en México, Lima y Juli, por razones de la ya mencionada limitación de su uso por disposiciones reales en contra de la libertad de imprenta no pudo tempranamente iniciarse el periodismo impreso en estas tierras de América, particularmente en el territorio colonial de Charcas, y, como consecuencia lógica, en nuestro país.

Proclamas patriotas y realistas.

Antes de seguir adelante, conviene dar un vistazo a los primeros papeles que fueron impresos en el Alto Perú, por la importancia que encierra para el estudio de la historia de esta destacada área del quehacer intelectual de nuestro país.

El bibliógrafo nacional don Arturo Costa de la Torre (1903–1984) estableció documentalmente que el primer impreso en el Alto Perú data de 1808.

Se trata de un folleto que incluye la reproducción de una proclama “dirigida por el Doct. Don Tadeo Fernández Dávila [y Eyzaguirre  ¿? -1814], Teniente Asesor propietario, Gobernador Intendente Interino de La Paz, al vecindario y habitantes de esta ciudad, con motivo de la jura del Señor Don Fernando VII Rey de España y Emperador de las Indias”.[6]

Esta primera impresión contiene además de la mencionada proclama, una otra “‘Proclama de un Patriota’, de pgns. 6 a 25, y ‘Rasgos de la Mayor Lealtad’. Extraídos de un Diario de la Ciudad de Nuestra Señora de La Paz, desde que se supo la proclamación del Señor Don Fernando VII, hasta que se solemnizó el Juramento de fidelidad’, de pgns. 26 a 58”.[7]

Este impreso fechado en La Paz a 16 de octubre de 1808, tiene, siempre en términos de Arturo Costa de la Torre, las siguientes características:

“…Tamaño folleto de 13 1/2 x 18 1/2 cms., 58 p. de Imprenta. Este rarísimo ejemplar y primer impreso en el Alto Perú, se encuentra en los fondos bibliográficos de la Biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, registrado en el catálogo con el No. 36,513, Tomo 6, Variedades.  Debemos agregar que el tamaño folleto es el que se ejecutaba en aquella época, como lo demuestran otros boletines y proclamas así como la ‘Gaceta del Gobierno de Lima’ que se editó en Lima en 1819”.[8]

Cronológicamente, al anterior impreso le sucede una proclama suscrita por Domingo Tristán, y fechada en la ciudad de La Paz a 21 de marzo de 1812, descubierta por el historiador orureño Marcos Beltrán Ávila (1881-1977) en el Archivo de Indias de Sevilla.  Una reproducción fotográfica de este documento está inserta en el folleto El centenario de la primera impresión boliviana, obra del mencionado historiador orureño, publicada en 1913.

El tercer impreso conocido en nuestro territorio, data del 12 de mayo de 1813, y corresponde a una proclama del ejército realista, firmada por Goyeneche, en la cual, a tiempo de despedirse, exhorta a sus soldados a acatar las órdenes de su sucesor; esta proclama, “sin lugar a dudas se editó en alguna imprenta pequeña que el ejército español llevaba consigo”.[9]  Esta hoja impresa fue descubierta por don Valentín Abecia.  Una reproducción fotográfica de la misma se encuentra en el mencionado folleto de Marcos Beltrán Avila.

Ahora bien, estas hojas impresas por el ejército realista, trabajadas, sin lugar a dudas, en pequeñas imprentas traídas por el propio ejército español para informar a los soldados en torno a las victorias que los peninsulares obtenían sobre los revolucionarios que luchaban por su emancipación, marcan el inicio de este género de publicaciones en Charcas, y no de otro tipo de impresiones, pues, como vimos líneas arriba, el libro de Bertonio es muy anterior a éstos, y fue impreso en jurisdicción charqueña.

Cabe puntualizar que “los dos ejércitos, el realista y el libertador, sirviéronse de la Imprenta con análogo objeto: dar a luz sus respectivos Boletines“.[10]

Asimismo es importante señalar que por ese objetivo común que perseguían patriotas y peninsulares, de lanzar sus respectivos Boletines, las imprentas de “campaña” pasaban de unos a otros según el desarrollo de las acciones haya favorecido a uno u otro bando, pues no hay que olvidar que estos aparatos eran transportados a lomo de mula “…por el interior del Virreinato [del Perú], desde Jauja á Chuquisaca, instalando prensa y cajas donde era factible, con que reproducir textos bélicos, hojas volantes con una o dos páginas de texto…”.[11]

A pesar de los antecedentes referidos, el historiador chileno Diego Barros Arana (1830-1907) señala que “la República de Bolivia es el pueblo americano que tardó más en poseer imprenta”, pues “no tuvo una […] propia, según creemos, hasta el año de 1822”,[12] dato a todas luces falso, tomado por el historiadores chileno seguramente ante la falta de documentación de respaldo.

Más adelante, esto es, en 1808, se inicia —según los datos que cursan en nuestro poder—, un otro período en la historia de las impresiones tipográficas en Charcas, con la aparición de las proclamas realistas que comentamos en parágrafos anteriores.  Cabe suponer que las tres proclamas que mencionamos no fueron las únicas impresas en nuestro territorio en la época colonial, pues es lógico presumir que si el ejército realista poseía una o dos imprentas de “campaña”, hayan sido impresas muchas otras proclamas como nos demuestran las siguientes que aparecen al finalizar el período colonial y que corresponden a Pedro Antonio de Olañeta (1770-1825), fechadas en Potosí y Tarapaya entre 1823 y 1824.

Estos documentos que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Bolivia, y de los cuales no hemos encontrado referencias en los trabajos escritos que revisamos sobre el particular, son los siguientes:

– VIVA EL REY, que es una proclama suscrita por Pedro Antonio de Olañeta en la cual este jefe militar de la corona exhorta a los soldados americanos a pasarse a filas realistas para salvaguardar sus vidas.  Está fechada en Tarapaya, el 6 de septiembre de 1823. Dimensiones: 15 x 22 cm.  No tiene pie de imprenta. 1 p.

– PROCLAMA que el Señor Comandante General de la División intermedia dirige a los habitantes de las Provincias, suscrita también por Pedro Antonio de Olañeta en Tarapaya el 6 de septiembre de 1823, en la cual el mencionado militar español exhorta a los “habitantes de las Provincias” a colaborar con los realistas y a no creer en las palabras y promesas de los revolucionarios.  Dimensiones: 15 x 22 cm.  No tiene pie de imprenta.  1 p.

– PROCLAMA a los soldados de la división de Lanza y EL GENERAL de la división intermedia, ambas suscritas también por Pedro Antonio de Olañeta, carecen de fecha y pie de imprenta.  Sin embargo se presume que corresponden a 1823.  En ambas, el general español convoca a los soldados de la división Lanza a unirse a su división.  Dimensiones: 15 x 22 cm. (las dos proclamas).  Cada una ocupa 1 p.

– MANIFIESTO que el general Olañeta hace a los habitantes del Perú; para justificar las medidas de defenza que ha tomado contra la imbasion del Exercito Constitucional.  Imprenta del Exercito real del Perú. Potosí, Junio 20 de 1824. Dimensiones: 14 x 22 cm. 11 p.

– DIARIO de operaciones del Exercito Real del Perú, en la Campaña que ha sostenido contra los Constitucionales, reimpreso en Potosí el 20 de septiembre de 1824.  Dimensiones: 19 x 29 cm.  5 P.[13]

Los mencionados documentos prueban que el general Olañeta tuvo una imprenta que se movilizaba con la división realista a su cargo, por lo menos, a partir de 1822, la misma que estuvo bajo sus órdenes hasta 1824 aproximadamente.

Otros detalles sobre este tema se pueden consultar en el siguiente artículo, publicado inicialmente como “Notas sobre los orígenes de la imprenta en Bolivia”. Anuario 1996. Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Suc.1996):445-460, de donde recuperamos el archivo PDF que acompaña al presente post.

 

[1].L. M. Loza.  Bosquejo histórico del periodismo boliviano.  Segunda Edición, Imprenta y Litografía El Siglo, La Paz, 1926.  P. 2.

[2].A. Cacua Prada.  Historia del periodismo colombiano.  s/e, Bogotá, 1968.  P. 19.

[3].L. M. Loza.  Op.  Cit.  P. 2, 3.

[4].A. Cacua Prada.  Op.  Cit.  P. 20.

[5].R. Condarco Morales.  Historia del saber y la ciencia en Bolivia.  Academia Nacional de Ciencias de Bolivia.  La Paz, 1981.  P. 150.

[6].A. Costa de la Torre.  Op.  Cit.  P. 42.

[7].A. Costa de la Torre.  Op.  Cit.  P. 43.

[8].A. Costa de la Torre.  Op.  Cit.  P. 43, 44.

[9].V. Abecia.  “Preámbulo” a L. M. Loza. Centenario de la primera impresión boliviana.  Comprobaciones históricas.  (Exposición hecha en mitín público el 6 de marzo de 1913).  Imprenta de El Industrial, Oruro, 1913.  P. 1.

[10].Enciclopedia Universal Ilustrada Europea, Espasa Calpe S.A. Madrid – Barcelona.  Tomo 61.  Artículo Tipografía. P. 1530.

[11].Ibidem.

[12].D. Barros Arana, citado por L. M. Loza.  Centenario… P. 8.

[13].Este impreso fue consignado por primera vez por el bibliógrafo don Arturo Costa de la Torre en su Catálogo…  Existe también un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Bolivia, el mismo que nos sirve de referencia.