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  1. Antecedentes

La Razón, sin lugar a dudas, fue uno de los diarios más importantes que tuvo Bolivia a lo largo de la primera mitad de la pasada centuria; inició sus ediciones cuando el Partido Liberal ingresó en aguda crisis durante los últimos años de su gobierno. El ciclo liberal se inició en 1899 con la llamada revolución federal, que encumbró en el gobierno a José Manuel Pando (1899-1904), tras quedar sin efecto la efímera vigencia de una Junta de Gobierno compuesta, además de Pando, por Serapio Reyes Ortíz (1822-1900) y Macario Pinilla Vargas (1855-1927). El ciclo liberal culminó en 1920, con el ya debilitado gobierno de José Gutiérrez Guerra.[1]

El Partido Republicano “fundado oficialmente por Bautista Saavedra (1870-1939), A. Gutiérrez Gutiérrez (1863-1927), Demetrio Canelas (1881-1964) y José Manuel Pando (1848-1917) en 3-I-1914, bajo el nombre de Unión Republicana (desde I-1915 ‘Partido de la Unión Republicana’) fue una escisión del ala juvenil del Partido Liberal, cuya ideología compartía, pero buscando una mejora del sistema electoral vigente, la garantía del sufragio popular y la satisfacción de algunas aspiraciones populares más democráticas…”.[2]

Este partido, en los comicios de 1917 “apoyó la candidatura de José María Escalier; en 1920 preparó el golpe de estado que puso fin al (…) (régimen liberal). Tras las elecciones, en 1921, ocupó la presidencia con Bautista Saavedra hasta 1925, lo que dio lugar a su primera división con la creación del Partido Republicano Genuino (encabezado por D. Salamanca). Le siguió en la presidencia un militante del partido H. Siles R., aunque la orientación de su política tuvo un cariz personal, influido por los movimientos políticos europeos (fascismo, nazismo) y, de hecho, no tardó en crear su propio partido: el Partido Nacionalista (…) En los años 30 la rama saavedrista adoptó el nombre de Partido de la Unión Republicana Socialista (PURS), reunificada con los ‘nacionalistas’ en 1946 para terciar en las elecciones que ganó con E. Hertzog…”.[3]

“La ruptura de Siles con el republicanismo saavedrista y su necesidad de distancia con los genuinos y liberales, lo impulsó a promover la creación de un nuevo partido, cuyos protagonistas fueran los jóvenes. La presencia en ese esfuerzo organizativo de figuras como Roberto Hinojosa ( ¿? -1946), Wálter Guevara (1912-1996), Augusto Céspedes (1904-1997), y Carlos Montenegro (1903-1953) explica perfectamente la tendencia germinal de este grupo. Sin embargo, el Partido de la Unión Nacionalista, fundado el 5 de agosto de 1927, terminó dominado por los disidentes del liberalismo como Rafael Taborga, Alfredo Mariaca y Rafael Cortadellas que no se atrevieron a trascender el ideario liberal”.[4]

Había otro sector político: el denominado Radical, constituido hacia 1914 sobre la base de liberales jóvenes, descontentos con el accionar del partido. Entre sus fundadores figuraban don Franz Tamayo (1879-1956) y don Tomás Manuel Elío (1886-1971), como los principales. Disponía esta fracción liberal de órganos de prensa como El Fígaro y El Hombre Libre, ambos fundados por Tamayo. Tras el rompimiento entre Tamayo y Elío, el primero de los nombrados se retiró de El Fígaro e inauguró El Hombre Libre.

Este partido tuvo dos severas limitaciones: “la territorial, pues fue un fenómeno casi exclusivamente paceño; y la sociocultural, pues sólo arrastró a jóvenes intelectuales y escritores (D. Salamanca, F. Tamayo, T. M. Elío, D. Sánchez Bustamante, L. Espinoza y Saravia…) conocidos como los ‘jóvenes turcos’; al igual que en Francia y en Chile, quiso abrir una alternativa al Partido Liberal, pero los hechos mostraron que las circunstancias eran diferentes…”.[5]

Escisiones y desgaste por medio, el régimen liberal se debilitó paulatinamente y llegó a perder la confianza del pueblo; las causas para que esto ocurriera, según Rodolfo Salamanca Lafuente (1914-1998) fueron: “La sobreestimación de su poder, la ingenuidad de considerarse depositario absoluto de la verdad y la autosuficiencia que es una forma vanidosa de la embriaguez de las alturas…” (Salamanca Lafuente, 1972).[6] Fenómenos no sólo atribuibles al liberalismo, sino también a todos quienes desfilaron por Palacio y quisieron prorrogarse indefinidamente… El resultado, siempre, fue el mismo: cayeron mucho antes de lo que pensaban mantenerse en el ejercicio del poder.

“El gobierno de Gutiérrez Guerra (último del ciclo liberal) vivió en la zozobra permanente. La ofensiva republicana y al poco tiempo también radical (tras retirarle apoyo al ejecutivo) obligaron a una serie de acciones represivas, medidas de excepción, intervención y empastelamiento de la prensa opositora, reiteradas cargas policiales en las principales ciudades y tensión con los universitarios que terminaron por socavar totalmente las bases de respaldo del gobierno y generaron una oposición ciudadana favorable al republicanismo”.[7]

La grave situación económica por la que atravesaba el país, la descomposición del partido, la agitación generada por el denominado proceso Pando, la precaria salud del presidente y la falta de energía en sus decisiones, se unieron y actuaron como factores desencadenantes de la desestabilización del liberalismo en el poder. Además, “la política internacional vino a mezclarse al desbarajuste en forma maliciosa —dice Enrique Finot— atizando el fuego de la pasión de bandería y agregando un motivo más de divergencia entre los sectores en que se hallaba dividida la opinión pública”.[8]

“En este clima se organizó el golpe del 12 de julio de 1920 en el que los republicanos contaron con el apoyo del ejército que rompía así veinte años de respeto a las normas constitucionales. La cabeza indiscutible del golpe fue Bautista Saavedra que un mes antes había sustituido en la jefatura de su partido a Escalier (…)   Pero los militares no intervinieron entonces en política, tras el golpe dejaron en manos de los republicanos el destino del país”.[9]

Es conveniente tener presente que escasamente a un mes de la elección de Gutiérrez Guerra, murió trágicamente, y en circunstancias aún no esclarecidas, el ex presidente de la República, Gral. José Manuel Pando. El Partido Republicano esgrimió la muerte de Pando como bandera política; acusó al partido gobernante de ser autor intelectual del luctuoso hecho. Sobre este particular, Moisés Alcázar dice:

“Como una bomba estalló en el país la sindicación. El partido republicano, opositor enérgico, jugaba su carta brava al lanzar la acusación terrible contra el partido liberal, desgastado en diez y siete años de ejercicio del poder…”.[10]

El proceso que se inició contra los supuestos autores del crimen se prolongó por varios años; finalizó con la ejecución del ciudadano Alfredo Jáuregui, quien sostuvo su inocencia hasta su fusilamiento.

Este trágico acontecimiento consternó profundamente a toda la nación, y, como es natural, la prensa tomó cartas en el asunto. Los diarios, en general, ponderaron la labor administrativa de Pando. En ellos aparecieron un sinnúmero de artículos que ponían de relieve su probidad y nobleza de espíritu. La Razón y El Hombre Libre, sostenían la hipótesis del crimen político; sindicaban a autoridades liberales de ser autores intelectuales del hecho. El Tiempo, en cambio, suponía que la muerte del ex mandatario ocurrió a raíz de un accidente.

Hay que tener presente que el advenimiento del nuevo gobierno, de ningún modo significó “un cambio en la élite que detentaba el poder, fue solamente una sustitución de caudillos que abrazaban exactamente el mismo credo político y económico, con las mismas ideas básicas sobre el país que querían construir”.[11] Otro aspecto importante a destacar es que “la política minera y económica, en general, estuvo fuertemente condicionada por la égida de Patiño, en gran parte, y de Aramayo en menor medida”.[12]

En esa época, la prensa estaba dirigida por prestigiosos periodistas y hombres de letras que conducían acertadamente importantes medios de difusión impresos como El Fígaro, El Diario y El Hombre LibreEl Diario estuvo bajo la dirección de: Franz Tamayo en 1913; Casto Rojas (1916-1918), Claudio Peñaranda (1919), Fabián Vaca Chávez (1920-1926); El Fígaro, primero Tamayo, y luego Elío; El Hombre Libre, Franz Tamayo… La República tuvo conductores de la talla de Luis Arce Lacaze, Benigno Lara en 1922, V. Fernández (desde XII-1922 y en 1925), Gabriel Gozalvez T. (desde 1923), entre otros…[13]

  1. La prensa durante el régimen liberal

Bajo el régimen liberal circularon innumerables periódicos, unos al servicio de los ideales del partido gobernante, y otros, al de la oposición; estos últimos, como es de suponer, sufrieron las consecuencias de la defensa de sus ideales políticos; muchos de ellos fueron clausurados, y otros, en cambio, soportaron empastelamientos y exilio de sus directores y redactores. Así, por ejemplo, Ismael Montes durante su segunda gestión gubernativa (1913-1917) ordenó la clausura de las imprentas donde se imprimía todo periódico de oposición “e hizo cerrar las puertas con herrajes de mula”.

En octubre y noviembre de 1918, La Razón publicó como folletín la Acusación contra el ex Presidente de Bolivia ciudadano Ismael Montes. Nuestra palabra. ‘La justicia tarda, pero llega’.[14] En el marco de referido documento, se sindica a Montes de clausurar “los diarios La República, La Verdad, El Diario y La Acción en La Paz; La Capital y La Industria, en Sucre; El Ferrocarril y La Libertad, en Cochabamba; El Industrial, en Oruro; La Defensa y El Comercio de Potosí, en Potosí; El Diario Popular, en Santa Cruz, el día 8 de agosto de 1914, antes de haberse publicado el decreto de Estado de Sitio, violándose los artículos 4º y 27 de la Constitución”, como también las imprentas “en que se editaban los diarios anteriormente citados, antes de la publicación del Estado de Sitio, y posteriormente las de El Republicano, de Viacha, El Trabajo, de Tarija, El Deber de Padilla y otros…”.[15]

Como se puede observar, la situación de la prensa “de oposición” no fue nada halagadora. Cuando el presidente Ismael Montes dictó el estado de sitio, en agosto de 1914, precisamente, los más damnificados resultaron los órganos de prensa contrarios al gobierno, ya que fueron víctimas de diversas formas de represión por parte el oficialismo. Ante esta situación, el por entonces senador Dr. Daniel Salamanca, más tarde Presidente de la República (1931-1934), dejó escuchar su airada voz de protesta en una sesión de la Cámara Alta. Por la importancia de dicha pieza oratoria, transcribimos a continuación lo más sobresaliente de la misma:

“… Hemos presenciado con profunda sorpresa un hecho anómalo que se produce bruscamente, en desacuerdo con nuestras ideas y con nuestros tiempos. El silenciamiento de toda la prensa opositora de la república y el destierro inmediato de todos los periodistas que no pensaban conforme a los deseos del gobierno. Hemos visto, además, la clausura de imprentas en que se editaban los periódicos  adversos a las ideas del Ejecutivo./ Entre las medidas más graves tomadas en el estado de sitio, merecen especial mención las que se refieren a la prensa. Son las que han causado mayor sorpresa a la opinión pública, tanto por ser las más inesperadas, cuanto por los caracteres que han revestido. Toda la prensa independiente de la República, sin excepción alguna, ha sido reducida al silencio absoluto. Los diarios opositores han sido suprimidos y las imprentas en que se editaban han sido clausuradas. Todos los periodistas que no eran amigos del gobierno han sufrido la persecución o el destierro, con excepción de un representante nacional. Sobre esta tabla rasa ha quedado imperando solamente la prensa oficial; las opiniones independientes han sido suprimidas y proscritas por las fuerza…”.[16]

  1. El tortuoso camino seguido por La Razón

Surgida al calor de las luchas políticas, La Razón, en sus años iniciales, defendió los ideales del Partido Republicano, que, como vimos en párrafos precedentes, fue inaugurado hacia 1914, y se convirtió en el principal opositor del Partido Liberal, al igual que el recién fundado cotidiano.

La Razón, en su origen, obedeció a las mismas causas que dieron vida a los diarios —con escasísimas excepciones— que han contribuido en el periodo republicano a la formación del espíritu nacional, y más tarde, como nobles instrumentos de la cultura. Concibieron la idea de fundar el diario para ponerlo al servicio del partido al que pertenecieron y del país Don Félix Avelino Aramayo (1809-1882) y Don José María Escalier (1862-1934), y sellaron en una reunión celebrada en uno de los departamentos del Hotel París, de la plaza Murillo, el compromiso de poner por obra la idea”, así justificaba el propio diario su origen.[17]

La organización del nuevo diario fue encargada a Bautista Saavedra (1870-1939), como también la búsqueda del nombre… Para tal efecto se reunió con periodistas de La Verdad y El Hombre Libre y de esa forma se consolidó el proyecto. Entonces, se nombró como director del nuevo órgano periodístico a Alfredo Infante, quien así asumió la conducción de La Razón.

“Salió a luz pública el primer número de La Razón a las diez de la mañana del 7 de febrero de 1917; sus 2.600 ejemplares diarios se agotaron rápidamente, debido, en primer término, a la curiosidad que suscitaba entre los lectores un nuevo órgano de prensa, y en segundo lugar, por su carácter vehemente y su combatividad, condiciones que le dieron crédito y le permitieron ganar rápidamente la preferencia del público”.[18]  A esto podemos añadir que desde su fundación, fue más bien, una “hoja panfletaria y ardiente”.[19]

Respecto a la fundación de La Razón, Jerry Knudson dice:

“Fundada en 1917 por el físico José María Escalier para promover sus aspiraciones presidenciales, el diario La Razón fue prontamente adquirido por la poderosa familia Aramayo, que hizo su fortuna con el estaño. Carlos Víctor Aramayo tenía un ingreso anual superior a $ 1.500.000, lo que le permitió tomar parte activa en el periodismo de La Paz. La Razón inmediatamente capturó la mayor circulación en Bolivia y ganó una reputación internacional como un periódico muy bien editado, siendo el más reaccionario de los diarios de la capital./ La Paz, en 1917 no era el sitio propicio para lanzar un periódico. La mayoría de los bolivianos no sabía leer, y un hombre en la calle rara vez tenía dinero, aunque sea unos centavos, para malgastar en un periódico: con esa suma él podía comprar medio pollo para llevar a su necesitada familia…”.[20]

Vale hacer notar, a título de aclarar la información suministrada por Knudson, que la familia Aramayo estuvo, desde el inicio, vinculada con La Razón, ya que, como vimos en párrafos precedentes, Félix Avelino fue quien, junto con Escalier fundó este medio de difusión. Carlos Víctor compró, en 1918, maquinaria nueva para el periódico, luego de un asalto a sus instalaciones; de esa manera ingresó al directorio y años más tarde, en 1930, adquirió todo el paquete accionario.[21]

Veamos lo que decía Efraín Chacón, en el segundo número de este diario:

“Es altamente grata y significativa la aparición de un nuevo órgano de prensa, toda vez que trae consigo fines de sano patriotismo y labor eficaz de un determinado orden de cosas; comprendiendo desde luego, cuál ha de ser su norma fija y decisiva a través de las constantes agitaciones sociales; dignificando, en lo posible, su puesto de combate conquistado y rechazando con altivez y energía toda ocasión y oportunidad de ser arrastrado a abdicar y entregar su honra periodística (…) su labor significará, sin duda alguna, el empuje vigoroso y franco de un partido que se agita y levanta por la reivindicación del derecho y la justicia (…)  La Razón, con suficiente fe en el triunfo que ha de lograr a través del campo árido y escabroso de la prensa, comenzará su labor al amparo de un verdadero patriotismo, rechazando de lleno el odioso régimen de la uniformidad de propaganda política que anula toda garantía y desconoce los más preciados derechos del ciudadano libre y honrado”.[22]

Cuando en 1918 se firmó en Versalles el cese de fuego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), las naciones despojadas de su territorio por otras, tuvieron una oportunidad para lograr la reivindicación de los mismos. En esa ocasión, La Razón luchó tenazmente por lograr la ansiada reivindicación marítima de Bolivia. Siguió al lado de esta causa justa en los años siguientes.

Ese año de 1918 fue uno de los peores para la prensa situada en las filas de la oposición. Al referirse a este punto, un articulista de La Razón decía lo siguiente:

“Poco grato ha sido para el desarrollo libre del periodismo nacional el año que acaba de expirar; año que constituirá una de las páginas más bochornosas en la historia de la democracia boliviana en lo que se refiere a la libertad de prensa, que no es otra que la libertad del pensamiento, garantizada por la carta fundamental del estado./ Al comenzar el año de 1918, los periodistas de la ciudad de La Paz se vieron sometidos a un vergonzoso procedimiento inquisitorial y vejatorio de su dignidad, al mismo tiempo atentatorio contra las garantías constitucionales, que dejaron establecida desde el año 1880 la libre emisión del pensamiento por la prensa, sin previa censura./ Una simple determinación prefectural, dictada en hora de ofuscamiento cobarde, a semejanza de los UKASES de la policía rusa en los tiempos, ya pretéritos del absolutismo czarista, canceló el precepto constitucional contenido en el artículo 4º del código político y sujetó a los escritores independientes a la previa censura, prohibida por determinación expresa del artículo determinado. De esa manera quedó establecido que en Bolivia, puede más un prefecto doctrinario, que el texto mismo de la constitución patria. Quedó también establecido que las garantías más intolerantes son las que se originan en el miedo y en la mediocridad./ Fue por efecto de esa orden del prefecto de La Paz, publicada en las gacetas oficiales  y por bando solemne, que los periodistas de esta tierra iniciadora de la libertad americana, se vieron en la humillante necesidad de acudir con las carillas originales de su producción, ante un censor inquisitorial, establecido en el despacho prefectural, sin cuyo consentimiento expreso, no era posible consignar artículo ninguno en las columnas de los diarios; se entiende que de los diarios opositores, porque los del gobierno podían entregarse con placer al libertinaje cobarde, denostando, injuriando y calumniando, también a sus émulos del día anterior que la brutalidad de la fuerza había arrojado a las playas del Pacífico. De esa manera el periodismo de La Paz sufrió doble ultraje: el destierro de sus abnegados escritores, primero, y la censura meticulosa establecida, después, para los que, escapando del rigor, pudieron quedar aquí, para seguir escribiendo en los diarios, o mejor dicho, en el único diario que quedó en pie: La Verdad…”.[23]

En ese contexto, “la acción del periódico fue minando en forma lenta y segura los reductos gubernativos y mostró al país la decadencia del partido que pretendía continuar ejerciendo predominio sin contar con la dirección de su jefe, el general Montes./ Una turbamulta, con apoyo de la policía asaltó La Razón en su edificio de la calle Mercado el 15 de marzo de 1920; incendió los talleres y los muebles y vestuario de la familia del director. Don David Alvéstegui y su esposa tuvieron que huir por los fondos de la casa”.[24]

Al margen de estas vicisitudes políticas iniciales, La Razón contribuyó de manera decisiva al desarrollo del periodismo nacional desde diversos ángulos.

Una de las características de este diario es que contó, desde sus inicios, con un excelente servicio telegráfico que le permitía informar con la inmediatez que facilitaba el telégrafo sobre el acontecer internacional… Así se conocía el desarrollo de la Primera Guerra Mundial y otros acontecimientos de trascendencia internacional. Se trataba del “Servicio telegráfico mundial exclusivo para La Razón, de  la United Press, la Agencia Grant y corresponsales propios”, según se lee en el encabezado de los despachos telegráficos de cada edición. Este contenido, indudablemente lo colocaba en ventaja en relación a los demás órganos periodísticos de ese tiempo.

Se conocía también, aunque brevemente, el quehacer del interior del país… distribuido en breves notas.

La publicidad ocupaba un espacio importante en La Razón, casi cuatro de las ocho páginas habituales, esto entre 1918 y 1922. Se daba el lujo de publicar espacios en blanco etiquetados como “disponibles” para los anunciantes. Así se aprecia, por ejemplo, en las ediciones correspondientes al 1 de diciembre de 1918, cuya página 8 está en blanco en los dos tercios superiores, con un letrero de “disponible” al medio; lo propio ocurre en la edición del 3 de diciembre de ese mismo año, sólo que el espacio en blanco es algo mayor que el anterior; también la página 7 de la edición del 4 de diciembre; y la página 7 de la de 7 de diciembre tienen similares características.

Esto es importante porque constituye muestra palpable de las dificultades existentes para conseguir publicidad en aquellos años, en los que ya se constituía como importante sostén para la economía de los periódicos nacionales, claro, cuando no estaban solventados por facciones políticas o el propio gobierno. Preferían dejar espacios en blanco —que obviamente tienen un elevado costo— para llamar la atención de los posibles anunciantes…

  1. La Razón, entre clausuras, empastelamientos y prisión y exilio de sus directores y periodistas

La historia de La Razón es el reflejo de la agitada historia política de nuestro país, que muestra claramente la pugna entre partidos, las divisiones intestinas que generaron otros grupos, y así sucesivamente, se repitió el círculo casi interminablemente. Este periódico fue actor fundamental del periodismo y la política. Por un lado, como activo combatiente, y vehículo de las letras, artes, y cuna del mejor periodismo que cobijó a lo más selecto de la intelectualidad boliviana, y por el otro, como militante partidario que defendía a rajatabla los ideales del partido al que pertenecía.

“Escindido el republicanismo en dos bandos inconciliables —dice Rodolfo Salamanca Lafuente— la prensa también tomó trincheras de combate, y la que representaba la posición de los disidentes no dejaba de censurar los actos del gobierno. Y esa recrudescencia de la discrepancia apasionada tuvo dos respuestas: Saavedra clausuró el parlamento y desterró en grupos los cuerpos completos de redacción de diarios opositores. Se le llamó ‘clausura automática’. No tocó el gobernante las imprentas ni las cerró con fuerza policial o extrapolicial. Es digno de mención que los redactores de La Patria publicaron en Antofagasta un número de ese diario” (Salamanca Lafuente, 1975).[25]

El 7 de noviembre de 1918, La Razón sufrió el empastelamiento de sus talleres, lo que le privó de circular entre el 8 y el 17 de ese mes. Reanudó irregularmente sus ediciones el 18 con un suplemento de sólo dos páginas cuya apertura a toda página decía: “El empastelamiento de nuestros talleres. La fractura de las máquinas. Un atentado incalificable. El pueblo sindica al régimen”. Los días siguientes, presenta ediciones de emergencia entre dos a cuatro páginas; la temática central es el atentado que sufrieron sus instalaciones. Sólo el 30 de noviembre vuelve a sus acostumbradas ocho páginas con cierta regularidad.

Como un dato curioso, en la colección que consultamos, figura un “Boletín de La Razón”, que es un volante de 15 x 40 cms, impreso a dos columnas que se titula “Entrega de la flota alemana a los aliados”, y se aclara que es un obsequio de La Razón a sus lectores… El volante no tiene fecha, pero es de noviembre de 1918 por su contenido.

El 17 de junio de 1919 La Razón publicaba en su primera página la siguiente advertencia: “Otro empastelamiento de La Razón. Hemos descubierto que la policía lo prepara”. En la ocasión afirmaban: “A las reiteradas indicaciones que recibimos en días anteriores respecto a un probable empastelamiento, los mismos que nos obligaron a poner el hecho en conocimiento de la policía, para salvar responsabilidades, caso de realizarse, se han repetido ahora, pero con mayor fundamento y caracteres de un verdadero escándalo. Un nuevo empastelamiento se prepara en la policía y nada menos que por el intendente Justo Pastor Cusicanqui. La denuncia parecerá temeraria, pero es completamente cierta. Tenemos noticias inequívocas que la policía excita a un tal Castro para que de una vez proceda al empastelamiento y a apedrear la casa de don José Quintín Mendoza. Quien prepara estos ataques y cuenta con su personal es el jefe de la policía…”.[26]

Hacia 1920 La Razón soportó violentos ataques por parte del oficialismo; fue incendiada y empastelada. Con estas acciones, evidentemente se quiso hacer desaparecer de la vida nacional al periódico, pero, ocurrió todo lo contrario, pues resurgió con mayor brío y, además, fue el causante, en gran medida, de la caída del liberalismo y la consiguiente toma del poder por parte del Partido Republicano, acaecida ese mismo año, mediante un golpe propiciado por miembros de esa tienda política, que derivó en la instalación de una junta de gobierno que, presidida por Bautista Saavedra, estaba, además, integrada por José María Escalier y José Manuel Ramirez, y estuvo vigente entre el 13 de julio de 1920 y 28 de enero de 1921, fecha en la cual, el propio Bautista Saavedra, asumió la presidencia (1921-1925). Durante los cinco años que duró su gobierno, La Razón sufrió, nuevamente, las consecuencias de situarse en el grupo contrario al régimen gobernante.

“A nadie sorprendió que después de la dura batalla emprendida por La Razón y el Partido Republicano el gobierno liberal cayese el 12 de julio de 1920./ El diario contribuyó, en su lucha por la defensa de la Constitución, a derrocar al régimen. Creyó, en consecuencia su director y creyeron sus redactores que habría tregua, pero duró poco la paz lograda después de no pocos sacrificios./ Dividido el Partido Republicano, La Razón se plegó al grupo ‘Genuino’ que formó el frente de oposición al gobierno de Saavedra, tiránico y destemplado. Y, cosa paradójica en la vida del diario, pero no extraña, por otra parte, en el país, quien puso más empeño en organizarlo y darle jerarquía, fue uno de los primeros en atentar contra la libertad de pensamiento y en perseguir a sus antiguos compañeros de tareas. Bautista Saavedra, ya en el poder, no quiso aceptar  la crítica severa ni las campañas vehementes: ordenó la prisión y el destierro de los redactores, y la clausura. Cuando se permitía la salida del periódico, se tramitaban duelos entre el director, don Gustavo Carlos Otero y los adictos al Gobierno”.[27]

La antipatía del gobierno contra este medio de difusión masiva, tenía, pues, variadas facetas, y por lo tanto, se manifestaba de distintas maneras. Claramente una de ellas era la persecución judicial a sus directores y redactores, al margen de las mencionadas en párrafos anteriores y otra muy común fue la tramitación de duelos, los conocidos “lances de honor” con el director Otero. Como ejemplo, podemos citar el siguiente incidente:

En 1922 La Razón estaba acosada por un juicio contra su director, Gustavo Carlos Otero, seguido a instancias del entonces senador y periodista Abel Iturralde (1869-1935), y obviamente soliviantado por el propio gobierno de Saavedra. Este juicio se inició porque el diario publicó un “suelto” que denunciaba el abuso de un fiscal contra su esposa e hijos. Este asunto terminó de manera extraña en un proceso contra el director de La Razón —Gustavo Carlos Otero— que fue condenado a un año de prisión…[28]

“Los aprestos represivos del oficialismo —señala Eduardo Ocampo Moscoso— culminaron, además, en un ataque alevoso a Vera Álvarez y a su compañero de redacción Alberto Larrea. Posteriormente, el 3 de agosto de 1922, circuló la noticia de que el gobierno, en su afán de liquidar a La Razón, se mostraba interesado en comprar o rescatar documentos suscritos por esa empresa editora en favor de la compañía norteamericana y que representaban la suma de 9.500 dólares. Esa maniobra tendía a provocar, como decíamos, la quiebra del periódico y el embargo de sus talleres”.[29]

La Razón de 7 de mayo de 1922 registra un comentario a la por entonces recién publicada Historia de Bolivia. El proceso de la Nacionalidad de Alcides Arguedas… la misma que destaca el valor de la obra, pero también disiente con la postura arguediana sobre aspectos relacionados con el liberalismo. Veamos:

“…Los conceptos que le merecen la creación de Partido Republicano, su campaña de oposición, y los para él principales móviles de su conducta, son muy discutibles. Que la cuestión internacional y el asesinato del general Pando fueron armas que con ‘malicia formidable’ esgrimió con ‘odio reconcentrado’, no pasan de ser simples aserciones del señor Arguedas, esas aserciones con puntillos de lógica, con apariencias de verdad, que no soportan un ligero análisis…”.[30]

No debemos olvidar que Alcides Arguedas estuvo vinculado ideológicamente al liberalismo y hasta en alguna ocasión desempeñó funciones diplomáticas en Europa por ese partido.

El gobierno de Bautista Saavedra “implantó la primera legislación social en Bolivia. Dentro de las paradojas de su administración, no se puede negar el impacto decisivo que tuvo este salto de marca el reconocimiento del gobierno de su responsabilidad con los trabajadores. Así se promulgaron la ley sobre accidentes de trabajo (ocupándose sobre todo del sector minero lo que desagradó a los grandes empresarios, obviamente Aramayo, entre ellos), el decreto reglamentario de huelgas, el de conflictos entre capital y trabajo, la jornada de ocho horas, reglamentación del trabajo de mujeres y niños y el ahorro obligatorio que era el preámbulo de la seguridad social y la jubilación. Estos elementos explican el apoyo que tuvo Saavedra en sectores de clase media, artesanos y trabajadores, hasta entonces olvidados por conservadores y liberales. La legislación de Saavedra fue un verdadero salto en las conquistas de los trabajadores en su lucha histórica”.[31]

En ese contexto político, La Razón no tuvo otra opción que plegarse a las filas de la oposición. Como se aprecia en párrafo anterior, los responsables del periódico mencionan que el gobierno “no quiso escuchar la crítica severa ni las campañas vehementes” encabezadas por este matutino paceño y que la respuesta a ellas fue la violencia desatada por el gobierno contra el medio y sus periodistas.  Es que en realidad, se trataba de posiciones políticas irreconciliables. Eran los primeros atisbos de una lucha posterior que se profundizaría con el surgimiento de las reivindicaciones de los trabajadores, particularmente mineros, y luego, más aún, con la vigencia de partidos de tendencias socialistas, la nacionalización de las minas y el consiguiente fin de la era de los barones del estaño.

En el ínterin, cabe mencionar dos hechos relevantes en la historia de La Razón: En 1928, cuando la dirección estaba a cargo de Gustavo Carlos Otero, “en la calle Colón, se instalaron la rotativa, las linotipos y el taller de fotograbados”,[32] y poco más adelante, “Guillermo Gutiérrez Vea Murguía dio el impulso necesario para que La Razón contara con el edificio actual (inaugurado el 30 de mayo de 1943) y con las instalaciones que le permiten cumplir su misión en condiciones favorables”.[33] Así, este diario se consolidaba como un referente de la prensa boliviana con gran proyección y reconocimiento internacionales. Tuvo a su disposición todas las herramientas para ello y supo aprovecharlas adecuadamente.

En ese acontecer, como mencionamos en párrafos precedentes, La Razón sufrió reiteradamente los feroces embates de las rivalidades partidarias. A lo largo de 35 años de agitada existencia, enfrentó varias clausuras temporales, generalmente acompañadas por el exilio o encarcelamiento de sus redactores. El periódico también fue varias veces empastelado, es decir que los esbirros del gobierno de turno ingresaban a las oficinas del periódico, tiraban al suelo las cajas que contenían los distintos tipos y tamaños de letras y los mezclaban…, además de dañar las prensas como podían; de esa manera, el diario paralizaba sus ediciones el tiempo que su personal demorara en ordenar y reponer los tipos, y arreglar los destrozos ocasionados en los equipos.

Poco más o menos a partir de 1930, la línea política o editorial de La Razón dio un giro con la adquisición en propiedad del medio por el empresario minero y político Carlos Víctor Aramayo (que para ese entonces, ya formaba parte del directorio), lo que indudablemente le dio un sesgo pro minería privada, contra la estatización de los recursos mineros en particular y naturales en general. ¿Defendió a la empresa privada y la gran minería?, por supuesto que sí. Tenía todo el derecho de hacerlo. Pero este hecho no le quita, en absoluto, el gran aporte que significó para el desarrollo del periodismo nacional

Cuando subió al poder Hernando Siles Reyes (1926-1930), en principio, fue apoyado por La Razón, pero, a consecuencia de un giro radical impuesto a su política, el diario volvió, una vez más, a las filas de la oposición.  “Su gestión, menos turbulenta que la de Saavedra, no pudo eximirse de la violencia y la intransigencia. Gran parte se desarrolló con el estado de sitio vigente y la práctica del destierro de relevantes personalidades del momento; la clausura de periódicos fue también frecuente”,[34] y La Razón, también fue víctima de esos embates.

Después de la revolución de 1930, se hizo cargo del poder una junta militar encabezada por el General Blanco Galindo. Recibió apoyo del diario, principalmente por su carácter institucionalista, pero pronto La Razón se vio empeñada en la campaña que propiciaba la candidatura  presidencial de Daniel Salamanca Urey, y que lo llevó a la victoria. Salamanca gobernó entre 1931 y 1934, y fue el principal actor y causante de la Guerra del Chaco, con su famosa política de “pisar fuerte en el Chaco”.

“Cuando se consideró que el país había alcanzado alguna madurez, y que la era de las barricadas había terminado, en 1930 el diario se desligó del Partido Republicano para ponerse al servicio de las ideas y de la nación. Su propietario don Carlos Víctor Aramayo quería dotar a Bolivia de un órgano de expresión digno de la posición que alcanzó en el continente y que estuviese a la altura de otros periódicos que honraban a la prensa americana. En suma: un guía, no un gladiador”.[35]

La Guerra del Chaco (1932-1935), episodio trágico de la historia de Bolivia, fue considerada, por los periodistas de La Razón con un enorme sentimiento de bolivianidad y desde sus columnas alentaron con igual brío a gobernantes y a combatientes.

Con José Luis Tejada Sorzano en el gobierno (1934-1936), La Razón enfrentó desencuentros de gran magnitud, habida cuenta que la administración gubernamental “intentó modernizar las ideas liberales y criticó el exceso de ganancias del superestado minero a costa de los sectores populares”,[36] actitud que obviamente afectaba los intereses de Aramayo, que a la sazón era el único propietario de este medio de difusión.

El corto gobierno de David Toro (1936-1937) también chocó con La Razón ya que había calado hondamente en esa administración la influencia de Tristán Marof (1898-1979), y su célebre frase: “Tierra al pueblo y minas al estado”. El 13 de marzo de 1937 se suscribió la nacionalización de la Standard Oil, [37] medida que naturalmente incomodó sobremanera a los barones del estaño que siguieron con preocupación el desenlace. La Razón no estuvo ajena a esta política, combatiéndola a su estilo.

En esa línea, Carlos Víctor Aramayo, tomó un rol más activo en la política nacional e “intentó la recomposición del frente tradicional que sustentara la minería creando el Partido Centrista. No tuvo éxito”.[38] Los republicanos reestructuraron sus programas y filas; los primeros casi nominalmente, y las otras se reagruparon alrededor del Pacto de la Concordancia.[39]

Por estos años, a partir de 1935, “los grandes mineros habían ya consolidado verdaderos imperios económicos. Sus intereses trascendían largamente Bolivia, pero mantenían su fuerte influencia sobre el país”.[40]

En ese contexto, el advenimiento de German Busch (1937-1939) al poder también significó un gran escollo para La Razón ya que el régimen se inclinó por una línea más bien de izquierda, al propiciar medidas, como por ejemplo, que “el 100 % de las divisas obtenidas por exportaciones de minerales debían ser entregadas al estado, que cambiaría los dólares o libras en bolivianos y les entregaría el equivalente en moneda nacional”.[41] En términos de los historiadores Mesa-Gisbert “esta política fue muy beneficiosa para el tesoro y marcó el punto más duro de las relaciones gobierno-mineros desde el ascenso del estaño a principios de siglo”.[42]

Por el contrario, con Carlos Quintanilla (1939-1940), la gran empresa minera gozó de cierta tranquilidad. El corto período de este gobernante, casi constreñido exclusivamente a la convocatoria a comicios “representó un importante respiro para el poder minero y los viejos partidos que pugnaban por sobrevivir  y vieron en la elección convocada por el gobierno, una oportunidad de oro”.[43] La pausa referida estuvo relacionada con “dos decretos, el del 28 de noviembre y el de10 de octubre de 1939 (…) El primero autorizaba la libre exportación, y el segundo, alegando falta de un reglamento, dejó en suspenso el decreto del 7 de junio sobre la obligatoriedad en la entrega de divisas”.[44]

Durante el periodo gubernativo del General Enrique Peñaranda (1940-1943), La Razón defendió infatigablemente la posición que adoptó Bolivia frente a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que por entonces, estaba en su auge; luchó por el interamericanismo y la democracia, como suprema expresión de la voluntad popular.

Asimismo, se hizo notorio el respaldo de La Razón al “orden social” establecido. En efecto, Eduardo Ocampo Moscoso, sostiene que ese medio de difusión “no supo mantener (…) un sello de imparcialidad cuando se trató de defender los intereses de la gran minería” [45] (Ocampo, 1978:545) Una muestra clara de esa posición se aprecia en los siguientes párrafos pertenecientes a un editorial de La Razón, publicado en los primeros días de 1943:

“Cumplimos el deber de advertir al Gobierno que los factores de desorden social y político se encuentran en plena evolución y las medidas extraordinarias que facultan el ‘estado de sitio’ hacen las veces de pesebre del curandero para aplacar la exacerbación instigada por hábiles y ocultos agitadores, cuyo plan consiste en apoderarse del Gobierno, para resultar al día siguiente más democráticos que el Presidente Roosvelt y ofrecer a su gobierno no ya los epítetos de imperialista, como lo hacer ahora, sino una incondicional y obsecuente colaboración./ Estos factores han de cobrar mayor importancia en los meses venideros a causa del malestar social creado con las recientes agitaciones del distrito minero de Catavi; los hechos políticos resultantes del viaje al exterior del presidente de la nación (Enrique Peñaranda) y la circunstancia de tener que realizarse las elecciones dentro del ambiente agitado por tan encontrados sentimientos e intereses político-sociales./ El mal reside en que las clases trabajadoras han asimilado libremente, mediante los libros y panfletos de propaganda la ideología comunista que niega el derecho de propiedad y niega las ventajas del capital, junto con un espíritu clasista que los agitadores utilizan con perversa maestría. Plan político y tenebroso urdido contra la nación no tiene más finalidad que la de utilizar a los obreros de las minas  y de las fábricas en las ciudades, para cohonestar sus ambiciones de partido político como el trampolín encumbran a los que escalan el poder mediante la peripecia o la aventura”.[46]

Pocos días después, esto es, el 23 de enero de 1943, el gobierno decretó una estricta censura sobre los periódicos, que principalmente afectó a La Razón, La Calle y El Diario, como también a Última Hora y La República, todo esto en el marco del estado de sitio que regía desde el 14 de diciembre de 1942. Además, fue clausurado El Día de Cochabamba.[47] La restricción a los medios impresos fue levantada el 4 de febrero, pero no así la clausura de El Día que era un periódico que representaba los intereses del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR).[48]

De acuerdo con información de Eduardo Ocampo Moscoso, “en fecha 12 de abril de ese año (1943) La Razón de La Paz publicó, primicialmente, el texto del sensacional informe Calvert-Madruger (…)” que “se refería, entre otras cosas, a las deprimentes condiciones de trabajo en las minas y a los problemas que se confrontaban en las actividades agrícolas e industriales” (Ocampo. 1978:549).[49] Eso de por sí muestra la apertura de periódico, pues no hay que olvidar que el propietario era empresario minero…

Bajo la administración de Villarroel: “…se impuso un apasionado nacionalismo, en realidad, un ensayo de nacional socialismo. La Razón, dirigida por (Nicolás) Ortíz Pacheco (1944) fue multada con Bs. 30.000. Si de un lado se hizo un congreso de campesinos y se suprimió los servicios gratuitos de pongueaje, de otro surgió una actitud oficial de violencias expresadas en un atentado a la vida de José Antonio Arze, Jefe del Partido de la Izquierda Revolucionaria, los fusilamientos de Chuspipata, Caracollo, Yungas./ La Razón fue ocupada por funcionarios gubernamentales y editada con criterio oficial pero al fin fue devuelta a sus propietarios. El restante periodismo se dividió entre gubernamental e independiente. Ambos fueron vehementemente políticos” (Salamanca, 1975: 567).[50]

Precisamente, La Razón del 10 de julio de 1944, en apertura, publica el atentado contra la vida del conocido político, fundador del PIR, José Antonio Arze, que se produjo el sábado 8 de ese mes y año, ocasión en la que fue alcanzado por dos disparos de bala, uno de los cuales le dañó un pulmón.

En 1948, desde las columnas del propio periódico se realizaba este análisis: “El régimen de Villarroel, como era lógico suponer, vio en La Razón a uno de sus más poderosos enemigos en su afán de imponer la voluntad arbitraria de los hombres que se encaramaron en el poder y para satisfacer los apetitos de los militantes del partido que le apoyaba. Cualquier pretexto era considerado lícito por el villarroelismo para imponer ‘sanciones’ económicas a La Razón y para decretar su clausura, especialmente en momentos en que las acusaciones del diario por los crímenes del régimen eran consideradas peligrosas para la estabilidad de éste. En tal época cupo desarrollar gran labor al director de La Razón, señor David Alvéstegui./ El 13 de junio de 1946, sus propietarios, directores y redactores fueron encarcelados, o perseguidos y ese mismo día se decretó la confiscación de las instalaciones ‘que serían pagadas con bonos sin valor’./ Poco tiempo, sin embargo pudo el MNR manejar a su sabor el diario que se había opuesto antes a sus despropósitos y que condenó sus crímenes. El 21 de julio, un grupo de redactores y obreros retomaron el edificio a la 7 de la mañana para ponerlo nuevamente en manos de sus legítimos propietarios y al servicio de los intereses de la nación”.[51] “En aquella mañana de julio en que el pueblo recuperaba el goce sus legítimas ha sido devuelto a sus legítimos propietarios por el viril pueblo paceño’ era un llamado a la lucha…”.[52]

Los pormenores de la incautación temporal de La Razón por parte de gobierno, no se dieron a conocer de inmediato, pues según Ocampo, tardaron dos años, cuando “por determinación de la Comisión de Constitución del Congreso Nacional, un exhorto de fecha 28 de mayo de 1948, al Cónsul General de Bolivia en Río de Janeiro, Dr. Luis H. de Yparraguirre, pidiendo que el exdirector del citado órgano de prensa, Dr. David Alvéstegui responda un cuestionario especial”.[53]

Como se mencionó precedentemente, La Razón combatió al régimen de Villarroel, y también sufrió en reiteradas ocasiones las consecuencias de ello. Al conmemorarse el cuarto aniversario de los trágicos sucesos del 21 de julio, este órgano de prensa decía:

“Todo el país celebra hoy el cuarto aniversario de las heroicas jornadas que culminaron con el derrocamiento de la dictadura MNR-Radepa, el 21 de julio de 1946./ Esta magna fecha que se incorporó a la Historia Nacional en el extenso capítulo de la incesante lucha de nuestro pueblo contra las tiranías, se mantiene latente en el corazón de los bolivianos que, sin distinción de clases sociales ni deferencias políticas, participó en acciones de epopeya para abatir del Poder a hombres que no vacilaron en aplicar la violencia a gente humilde, maestros y estudiantes que salieron a las calles en defensa de la democracia. Sin armas y sin dirigentes, la ciudadanía se batió, en calles y plazas, contra hombres que incitaron al crimen; contra los que mancillaron los centros universitarios; contra los que fusilaron sin previo proceso, contra los que, para amordazar la voz libre de los bolivianos, clausuraron y se incautaron de periódicos y contra los que para adueñarse de los destinos del país por cincuenta años, formaron logias tenebrosas  y cuyas maquinaciones pusieron un manto de odio, sangre y vergüenza en la conciencia nacional”.[54]

En su editorial del día, expresaba, entre otras cosas, lo que sigue:

“Han pasado cuatro años desde aquella jornada inolvidable, pero el recuerdo es tan vivo que aún parece sentirse el paso de la muchedumbre para librar la batalla decisiva a fin de salir de la larga noche de una brutal dictadura. En la lucha desigual —en que se jugaban la vida y la dignidad del pueblo— no se tenía otra arma que el inextinguible amor a la libertad. Frente a los reductos fuertemente artillados del absolutismo, las masas populares se encontraban desarmadas. No vacilaron, empero, ante el despliegue de fuerzas, ni se atemorizaron con el incesante fuego de los defensores de la tiranía. Sabían que tenían que vencer no importa a qué costo. Se lanzaron por las calles de la ciudad con la consigna de ser libres o perecer”.[55]

El estilo periodístico, en general, cambió en La Razón, con el paso de los años, como también, parcialmente, su estructura propietaria. Dejó de ser pesado y poco ameno, como lo era el de la mayor parte de los diarios de la época. Tenía objetivos claros y un buen contenido, que era justamente lo que lo diferenciaba de los demás órganos de prensa.

En su primera época, los objetivos de La Razón eran los del Partido Republicano. Combatió duramente al ya decadente régimen liberal. Posteriormente, cuando fue adquirido en su totalidad por Carlos Víctor Aramayo (1889-1982) en 1930, dio un viraje trascendental, puesto que a partir de entonces dejó de ser un arma política, y se convirtió, más bien, en un verdadero periódico, aunque obviamente con un sesgo favorable a la minería privada. Precisamente Carlos Víctor Aramayo, al referirse a la nueva mentalidad de La Razón, señala:

“…Desde mis primeras actuaciones en la política nacional, advertí la pobreza del medio, y la atribuí en gran parte a la falta de una opinión pública independiente y bien informada; y esta falta, a su vez, me pareció que se debía a que los periódicos de Bolivia, dominados todos por los varios partidos políticos, eran, esencialmente, órganos de combate, y no existía ninguno que, colocándose por encima de la lucha partidaria, reflejara en cada caso los verdaderos intereses permanentes de la nación, en contraposición a los intereses transitorios de los partidos. Y me pareció que la creación de un gran diario independiente y nacionalista contribuiría más que cualquier otro factor a la educación política y social del país y a la preparación del pueblo para el ejercicio consciente de la democracia…”.[56]

  1. Vehículo difusor de artes, letras y cultura.

Impulsó la actividad literaria a través de su suplemento especializado, que se publicó, según Rodolfo Salamanca Lafuente, a partir del número 11 (18/II/1917).[57] Salía regularmente los domingos. En él escribían los más destacados hombres de letras tanto nacionales, cuanto extranjeros. El periódico pagaba la colaboración, como ningún otro órgano de prensa lo hacía en ese entonces. Entre los colaboradores nacionales de ese importante suplemento, figuran: Abel Alarcón, Enrique Kempff Mercado, Carlos Gregorio Taborga, Oscar Cerruto, Guillermo Francovich, Moisés Alcázar, Guido Villa-Gómez, Wálter Montenegro, Raúl Leytón, Julio Alborta, Nicolás Ortíz Pacheco, Joaquín Gantier, Gregorio Reynolds, Julio Ameller Ramallo, Humberto Vásquez Machicado, Manfredo Kempff Mercado, Roberto Prudencio, Augusto Guzmán, Yolanda Bedregal, Josermo Murillo Vacareza, Alcira Cardona, Beatriz Schulze Arana, Fernando Diez de Medina, Raúl Jaimes Freyre, Alberto Ostria Gutiérrez, Armando Soriano Badani, Antonio Díaz Villamil y muchos otros. Entre los colaboradores extranjeros podemos citar a: Francis de Miomendre, Eric Newton, Robert Debré, Bernard Shaw, Katherine Moore, Jean Paul Sartre, Emil Ludwig, Wilhem Dilthey, Boleslao Lewin, etc.

Sobre este punto conviene hacer una precisión: Revisadas las colecciones disponibles de La Razón, no se evidencia que desde el número 11, como afirma Salamanca, se hubiera publicado el suplemento literario mencionado por el periodista e historiador que por muchos años presidió la Academia Boliviana de la Historia. Pero en 1919, publicaba irregularmente una sección —que en muchos casos cubría una página— denominada “Lunes literario”, que contenía principalmente poesías de autores como Rubén Darío (1867-1916), Gabriel D’Anunzzio (1863-1938), Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895) y otros. Algunas veces salía los martes, o simplemente brillaba por su ausencia.

La apreciación de Salamanca es válida a partir de la década de 1940, pero, en ningún caso, desde el inicio del diario que ocupa nuestra atención, periodo en el cual claramente su centro de interés era otro: la política, y no así la cultura. Por entonces, casi no había espacio para ella.

En el suplemento del domingo 2 de agosto de 1942, salió a luz Para siempre, lapidaria respuesta del insigne pensador y poeta boliviano, don Franz Tamayo, al libro de don Fernando Diez de Medina, Franz Tamayo, el hechicero del Ande, por cuanto, en esa obra, de acuerdo con el biografiado, se le calumnia e insulta.

Rafael García Rosquellas (1907-1973) preclaro intelectual y miembro del foro boliviano, al valorar el rol que tuvo La Razón en el diarismo nacional,  dice: “…el gran diario de Carlos Víctor Aramayo (…) contó, en todo momento, con la colaboración de casi todos los intelectuales calificados del país y (…) sirvió y servirá de norma superior al mejor periodismo, no meramente informativo de noticias, sino hacedor y difusor de cultura en todos los planos”.[58]

  1. Correspondencia pública, una influyente columna: contacto directo con los lectores

La cultura, en general, tuvo un aporte valioso con la publicación de “Correspondencia pública”, nombre una de las más importantes columnas que publicó La Razón. Aparecía diariamente y estaba destinada a responder todo tipo de preguntas formuladas por el público lector a través de cartas. Firmaba la columna “El mensajero”, pseudónimo de un destacado poeta y periodista potosino, nacido en Portugalete: Nicolás Ortíz Pacheco (1893-1953). La columna salió a luz el 26 de octubre de 1942. Tres días antes de su publicación, fue anunciada en los siguientes términos:

“Una nueva sección en La Razón. En breves días más La Razón comenzará a publicar una sección que se intitulará ‘Correspondencia pública’, la cual estará a cargo de un antiguo y prestigioso periodista. Esta nueva sección comprenderá cartas de nuestros lectores que reproduzcan opiniones interesantes sobre cuestiones de interés general, y absolverá las consultas que se nos envíen epistolarmente sobre ciencias, letras, historia, geografía, artes, estadística, biografía, derecho y asuntos de interés general. Pedimos a nuestro público abstenerse de presentar cuestiones personales, buscando, más bien, una fuente de cultura o de esparcimiento. Como es natural, queda a cargo del criterio del periódico seleccionar aquellas cartas que serán publicadas o contestadas, procediéndose por riguroso turno”.[59]

En “Correspondencia pública” salieron duras críticas contra los periodistas de Radio Illimani, la Emisora del Estado, especialmente dirigidas a sus locutores que, en muchos casos, según el columnista, y muchos lectores, escasamente sabían leer, y, además, su pronunciación del idioma, no era la más apropiada.

Un lector de “Correspondencia pública” hizo la siguiente sugerencia a “El Mensajero”:

“… ya que la sección que usted dirige tiene por objeto hacer labor de cultura general, sobre cualquier materia, me permito sugerir la idea de ocuparse, en forma permanente, de los errores más frecuentes de nuestro lenguaje cotidiano, principalmente de los yerros más perniciosos como son aquellos que nos traen los diarios”.[60]

Esa sugerencia fue muy bien acogida por “El Mensajero”, que era versado en el conocimiento del idioma. Durante algún tiempo se ocupó de los más frecuentes errores gramaticales, y cuestiones afines; no obstante, esta sección gramatical no duró mucho tiempo, por factores múltiples, entre los que cabe mencionar la falta de interés de los propios lectores por conocer estos aspectos y mejorar, de ese modo, sus conocimientos sobre el idioma.

El estilo con que respondía “El Mensajero” a las múltiples cartas, era siempre, ameno e irónico. Una de las principales características de Ortíz Pacheco, era su agudeza mental e ingenio poco comunes. Fue, además una importante experiencia de interacción con el público lector, un fluido intercambio de opiniones, poco habitual por entonces…

“Correspondencia pública” dejó de salir en 1944, cuando a la sazón, el gran poeta-periodista ocupaba la dirección de La Razón.

  1. Un periódico paceño de alcance nacional

La labor que cumplió La Razón, fue siempre reconocida por los lectores, y también por otros órganos periodísticos nacionales de prestigio, como El País de la ciudad de Cochabamba, que en una de sus ediciones publicó lo siguiente:

“Los que trabajamos en esta tarea de sacrificio periodístico podemos comprender, más que el resto de las personas, el valor intrínseco de los esfuerzos editoriales en Bolivia. Sabemos lo que cuesta adquirir el prestigio ante el público y su constante demanda, sabemos lo que significa entregarle diariamente, sin eufemismos ni claudicaciones, la verdad de las cosas. Y sabemos de los sacrificios ingentes que es necesario vencer en Bolivia para realizar una verdadera obra periodística. Por esas razones hemos apreciado con intenso contentamiento (sic) la innovación de materiales gráficos que ha realizado últimamente La Razón de La Paz. Ella traduce el más alto índice que, sobre todo el diarismo de la República ha alcanzado el colega del Illimani. Lo sentimos como obra nuestra con la misma fruición del que sabe poner su corazón  en el progreso”.[61]

También en Tarija se reconocía el trabajo periodístico de La Razón:

“El vocero La Tribuna de la ciudad del Guadalquivir, en su editorial de 27 de junio de 1942 decía: ‘Sin lugar a dudas el prestigioso y difundido diario La Razón de La Paz es el órgano de publicidad que mayores beneficios reporta a nuestra tierra, pues en él constantemente observamos un nutrido material de lectura y telegramas transmitidos por su corresponsal en ésta, dando cuenta de los acontecimientos que se suceden en este departamento a la par que dan sus sugerencias al gobierno o apoyando lo que dice la prensa local en pro del progreso de Tarija./ En nuestro pueblo La Razón tiene una acogida única; ningún otro diario paceño ha alcanzado la difusión del culto colega que, en forma atinada, dirige el periodista Luis. V. Zavala, y es que la ideología democrática de La Razón es la misma que los tarijeños llevamos muy metida en el alma y en el corazón’”.[62]

  1. Único periódico boliviano que obtuvo el Premio Maria Moors Cabot (1947)

El “Premio Maria Moors Cabot es el más antiguo reconocimiento internacional en el periodismo. Fue fundado en 1938 por Godfrey Lowell Cabot, como homenaje a su esposa. Los premios son administrados por la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia”,[63] una de las más prestigiosas no sólo de América, sino de todo el mundo.

La prensa nacional recibió de buen grado la distinción de que fue objeto La Razón, galardón que dicho sea de paso, no se ha repetido para ningún otro órgano de prensa boliviano. Así El País de la ciudad del Tunari, comentaba lo siguiente:

El País de Cochabamba, que está compenetrado de los sacrificios y la abnegación que comportan todo cometido periodístico cuando está inspirado en el bienestar nacional, hace llegar su felicitación a La Razón de La Paz y como miembro que es del periodismo boliviano, se siente también honrado con la alta distinción internacional de que ha sido objeto ese gran diario boliviano”.[64]

Es importante mencionar que antes de La Razón el premio de referencia fue otorgado a periódicos como La Prensa y La Nación de Buenos Aires, El Diario de la Marina de Cuba, El Día de Montevideo, El Mercurio de Santiago de Chile…, todos ellos de reconocidos méritos y prestigio internacional.

Otro periódico paceño decía, al respecto, lo que sigue:

“La honrosa adjudicación del premio Maria Moors Cabot no podía haber caído más justicieramente en Bolivia. Revela que quienes disciernen, estudian a los candidatos con seriedad y buscan no desprestigiar este galardón al que todos los periódicos de América aspiramos como suprema palma para la labor esforzada y limpia de todos los días. Es ‘un gran triunfo del periodismo boliviano’ como lo designa un colega de la tarde, la honrosa y justiciera designación que ha merecido nuestro colega La Razón y no podemos nosotros menos que expresar nuestro júbilo por ello”.[65]

  1. La Razón y el cuarto centenario de fundación de la ciudad de La Paz

Quizá una de las ediciones más significativas de La Razón, fue la dedicada a la conmemoración del cuarto centenario de fundación de La Paz: la del 20 de octubre de 1948, cuando la dirección del periódico estaba a cargo de Alfonso Crespo Rodas. Se trata de una muy bien lograda pieza periodística que consta de 10 secciones distribuidas en algo más de 300 páginas, tamaño tabloide, a cinco columnas. Entre los colaboradores figuran: Gregorio Marañón, Luis Jimenez de Asúa, German Arciniegas, Gregorio D’Ors, Boleslao Lewin, Alfonso Reyes, Waldo Frank, Xavier Villaurrutia, Luis de Zuleta, Emilio Romero, Oscar Cerruto, Arturo Pinto Escalier, Alberto Ostria Gutiérrez, Gustavo Adolfo Otero, Roberto Prudencio, Rafael Ballivián, Gral. Enrique Vidaurre Retamozo, Julio Alvarado, Jorge Pando Gutiérrez, Raúl Botelho Gosálvez, Casto Rojas, Alfredo Sangines, R. P. Felipe López Menendez, Jorge Gallardo Calderón, Yolanda Bedregal y José María Salinas.

Asimismo, cuenta con colaboraciones artísticas de Cecilio Guzmán de Rojas, Víctor Valdivia, Jorge de la Reza, Manuel Fuentes Lira, Inés Ovando de la Reza, Raúl Calderón Soria, Warter Sanden, Eric Simon y Jorge Enrique Sánchez.

Las diez secciones que constituyen el corpus de la voluminosa edición, que sucesivamente se denominan: (1) La actualidad; (2) Historia de una ciudad; (3) Color y paisaje; (4) Esencia y presencia; (5) Espíritu y verbo; (6) De América y España; (7) Estirpe y señorío; (8) Sociedad paceña; (9) Pensamiento boliviano y (10) …Pueblo de paz fundaron, representan una verdadera monografía de la ciudad de La Paz.

En el editorial, suscrito por el director del órgano de difusión se lee una descripción casi mágica de la ciudad de La Paz:

“…Ciudad desasosegada y aventurera, como los hombres que la apadrinan. Fundada en un sitio, sienta reales en otro, cuando es sólo tres días vieja. Irá creciendo lentamente y al principio sus vecinos serán sólo cuarentidós (…) Calles tiene La Paz que transportan al caminante a plena colonia. En cada casa una tradición, en cada piedra una leyenda. Viejos muros, fragantes de siglos, abroquelados con pátina de generaciones extintas. Humildes conventillos en irónica plática con presuntuosos rascacielos. Automóviles y llamas. Inmigrantes e indígenas. Tambos, bazares, cafetines. Sugestión y contraste. Ciudad rumorosa y dinámica. Vedla durante el día y semeja una colmena y contempladla en la noche y pensaréis que en las montañas han sembrado estrellas. Esa es La Paz, urbe gitana e india a la vez. Con un pueblo agresivo, tenaz y orgulloso de sí mismo. Un pueblo varonil que ama apasionadamente su libertad y sabe pelear y morir por ella; un pueblo que hoy —veinte de octubre de mil novecientos cuarentiocho— no conmemora tanto la simple trascendencia edilicia de las primeras piedras puestas por los españoles para erigir la nueva villa, sino cuanto aconteció desde entonces bajo sus muros, por voluntad paceña…”.[66]

  1. El cierre definitivo… fin de una era

Cuando el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) comenzó a tener vigencia en la vida institucional de la República, a partir de la firma del acuerdo de fundación, el 10 de mayo de 1941[67] —aunque la fecha oficial es el 7 de junio de 1942[68]— a la cabeza de Víctor Paz Estenssoro (1907-2001), Carlos Montenegro, Hernán Siles Zuazo (1913-1996), Augusto Céspedes entre muchos otros, La Razón lo combatió duramente. De aquí la rivalidad que tuvo, con el vocero de esa organización política: La Calle, diario fundado por un grupo de destacados escritores y periodistas nacionales, entre los que figuraban Augusto Céspedes, Carlos Montenegro, además de Armando Arce (1900-1976).

Fue, precisamente, el 9 de abril de 1952, fecha en la cual el MNR tomó el poder, merced a la Revolución que derrocó a la Junta de Gobierno presidida por el General Hugo Ballivián y que encumbró a Víctor Paz Estenssoro (1952-1956) a la primera magistratura, que La Razón dejó de circular definitivamente, ante la falta de garantías. Las nuevas autoridades deseaban acallar la poderosa voz de este diario. El por entonces director, Guillermo Céspedes Rivera agotó todos los medios a su alcance para evitar la clausura del periódico, pero, sus gestiones resultaron inútiles.

Para el MNR clausurar La Razón era una cuestión de principios. No podía permitir que el vocero de la “Rosca minera” que combatió ferozmente (nacionalizaron las minas de su propiedad y persiguieron a sus representantes —Patiño, Aramayo y Hoschild—, y adláteres, confiscaron sus bienes…), siguiera en la palestra, más aún, con el gran prestigio que había conseguido a lo largo de 35 años de plena, accidentada e influyente vigencia en el escenario público nacional e internacional.

Jules Duboi, Presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de la Prensa (SIP), que casualmente se encontraba por esos días en la ciudad de La Paz, se entrevistó con el presidente Paz Estenssoro, con el objeto de conseguir la reiniciación de las ediciones de La Razón con las garantías requeridas para tal efecto. El mandatario indicó que el diario podía continuar circulando “pero que el gobierno no haría balear al pueblo para defender los intereses del señor Aramayo”.[69]

Esta parca respuesta del Presidente demostró la verdadera intención del MNR respecto a La Razón: sellar su clausura definitiva, y desde su punto de vista, deshacerse de un importante enemigo.

“Se realizaron mil y una gestiones —dice Guillermo Céspedes Rivera— para la devolución del periódico. La SIP se cansó de defender a La Razón. Monseñor J. M. Pellín —Obispo y gran periodista venezolano— viajó a Bolivia, pero sus esfuerzos resultaron inútiles. Había demasiado odio. Si se hubiese podido tapiar el edificio, se lo habría hecho sin duda alguna. Se prefirió que una valiosa maquinaria se destruyera lentamente. Se toleró la actividad de los ladrones. Pudo haberse tenido una fuente de trabajo, pero aún silenciada La Razón era un desafío”.[70]

El asunto no quedó ahí. Al año siguiente, es decir, en 1953, la SIP se reunió en México y envió una carta a través de Jules Dubois a Paz Estenssoro, exigiendo garantías para los periodistas y respeto a la libertad de prensa. La respuesta fue enviada mediante el Ministro de Prensa, Información y Cultura, José Fellman Velarde (1922-1982), en el sentido de que los periodistas que habían sido exilados tomaron parte activa en una conspiración contra el MNR, y que las restricciones de que era objeto la prensa, resultaban indispensables para proteger a Bolivia ante cualquier emergencia.

Respecto al cierre de La Razón, Guillermo Céspedes Rivera escribe:

“El miércoles 9 de abril de 1952 salió por última vez La Razón, un diario respetado por propios y extraños, único ganador en Bolivia del premio internacional María Moors Cabot (que le fue otorgado en 1947), fue centro de trabajo de los mejores periodistas reunidos en esos días turbulentos. No se le dejó sobrevivir en una de las mayores tormentas políticas. El barco se hundió con toda su tripulación sin pedir merced a nadie. No se humilló en momento alguno. Su gente sufrió el temporal con la serenidad de quienes tienen un elevado sentido de responsabilidad”.[71]

El 17 de junio de ese año de 1952 “se efectuaron los últimos arreglos para el cierre definitivo de La Razón (…) y el despido de empleados y trabajadores de ese órgano de prensa, pagándoseles sus correspondientes indemnizaciones y desahucios”.[72]

  1. Conclusiones

El destacado periodista Luis Ramiro Beltrán (1930-2015) emitió los siguientes conceptos sobre este importante periódico boliviano:

“Se conocía a La Razón como órgano de expresión y defensa de la gran minería. Lo era. Pero en mi concepto, La Razón era mucho más que eso. Por su extraordinaria calidad y su gran alcance se había convertido en uno de los órganos periodísticos más distinguidos de América Latina. Se adelantaba unos cincuenta años al estado general de desarrollo del país. Su información era tanto amplia, diversa, valiosa y bien documentada que resultaba indispensable aun para quienes discrepaban de su línea editorial. Su prestigio interno, y aún en el exterior era notable. Al haber evolucionado hasta esa estatura, se había convertido en un medio de comunicación nacional que sobrepasaba de lejos los límites de su presumible intención original. Recogía, como ninguno, el palpitar de toda la nación y volcaba sobre ellos los reflejos del mundo en un modo y grado hasta entonces no alcanzados por el periodismo boliviano. En suma, se había convertido en una institución central y señera de la cultura de la comunidad boliviana en su integridad”.[73]

Este órgano periodístico, fue, sin lugar a dudas, el mayor referente de la prensa boliviana de la primera mitad del siglo XX.

Sus inicios estuvieron marcados por los vaivenes de la agitada política nacional, caracterizada por la enconada lucha entre diversos partidos y aun entre facciones del mismo bando, que derivaron en empastelamientos, persecuciones, clausuras, destierros y otras formas de represión que utilizaron los diversos gobiernos.

Si bien hacia 1930 fue comprado en su totalidad por el empresario minero Carlos Víctor Aramayo, fue un periódico que supo mantener distancia con su estructura propietaria, obviamente con un sesgo favorable a la gran minería, lo que de ninguna manera le quita méritos.

A partir de 1940 fue un importante difusor de la cultura nacional, de las letras y artes, pues tuvo una sección literaria-cultural de primer nivel que contó con la colaboración de lo mejor de la intelectualidad nacional e internacional.

  1. Bibliografía citada
  2. Libros y folletos

Alcázar, Moisés. Páginas de sangre. Tercera edición, Puerta del Sol, Off set Futuro Ltda., La Paz, Bolivia, 1967. 296 P.

Arguedas, Alcides. Historia general de Bolivia. El proceso de la nacionalidad (1809-1921). Arnó Hermanos, editores, La Paz, Bolivia, 1922. 578 P.

Barnadas, Josep (ed.). Diccionario histórico de Bolivia. Dos tomos. Grupo de Estudios Históricos, Sucre, 2002.

Finot, Enrique. Nueva historia de Bolivia. Ensayo de interpretación sociológica. Segunda edición. Papelería y editorial Gisbert y Cia S. A., Talleres tipográficos de E. Burillo  y Cia, La Paz, 1954. 382 P.

Guzmán, Augusto. Historia de Bolivia. Segunda edición, Editorial Los Amigos del Libro, Cooperativa de Artes Gráficas E. Burillo Ltda., La Paz, 1973. 469 P.

Mesa Gisbert, Carlos D. Presidentes de Bolivia: entre urnas y fusiles (El poder ejecutivo. Los ministros de Estado). Segunda Edición, Editorial Gisbert y Cia S. A., La Paz, 1990. 495 P.

Mesa, José; Gisbert, Teresa y Mesa Gisbert, Carlos D. Historia de Bolivia. Primera Edición, Editorial Gisbert y Cia. S. A. La Paz, 1997. 779 P.

Ocampo Moscoso, Eduardo. Historia del periodismo boliviano. Librería editorial Juventud, La Paz, Bolivia, 1978. 714 P.

  1. Artículos de prensa

Aramayo, Carlos Víctor. “Un cuarto de siglo”. La Razón, Segunda Sección, La Paz, 30 de mayo de 1943. P. 11.

Beltrán, Luis Ramiro. “Recuerdos de La Razón”. Última Hora, Semana de Última Hora, La Paz, 31 de octubre de 1980. P. 15.

Céspedes Rivera, Guilllermo. “Cuando una luz se apaga…”. Presencia, Presencia Literaria, La Paz, 9 de abril de 1972.

Chacón, Efraín. “La Razón”. La Razón, Año 1, Nº 2, La Paz, 8 de febrero de 1917. P. 5.

“El periodismo en 1918”. La Razón, La Paz, 1 de enero de 1919. P. 1.

García Rosquellas, Rafael. “El periodismo en Bolivia”. P. 73.

“Historia General de Bolivia”. La Razón, La Paz, 7 de mayo de 1922. P. 3, 5.

“Hoy se celebra el IV aniversario de la jornada revolucionaria del 21 de julio de 1946 que puso fin a la dictadura impuesta en diciembre de 1943”. La Razón, La Paz, 21 de julio de 1950. P. 4.

La Razón y el proceso histórico de Bolivia”. La Razón, Segunda Sección, La Paz, 30 de mayo de 1943. P. 14.

“Merecidamente La Razón de La Paz fue objeto de una alta distinción internacional”. La Razón, Opiniones de la prensa nacional (transcripción de El País de Cochabamba), La Paz, 12 de noviembre de 1947. P. 4.

Salamanca Lafuente, Rodolfo. “La Razón: Cómo se enciende una luz cultural”. Presencia, La Paz, 18 de junio de 1972.

Salamanca Lafuente, Rodolfo. “Periodismo”. Presencia, Edición de homenaje al Sesquicentenario de República. La Paz, 6 de agosto de 1975. P. 555-567.

“Una nueva sección en La Razón”. La Razón, La Paz, 23 de octubre de 1942. P. 4.

“Correspondencia pública”, La Razón, La Paz, 27 de octubre de 1942.

“Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. Centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

“Un diario que honra Bolivia”. La Razón, Opiniones de la prensa nacional (transcripción de El Comercio), La Paz, 12 de noviembre de 1947. P. 4.

“21 de julio”. La Razón, Editorial, La Paz, 21 de julio de 1950. P. 4.

  1. Webgrafía

www.wikipedia-org

Colecciones y ejemplares sueltos de periódicos

La Nación

La Razón

 

Anexo 1

REGISTRO DE IDENTIFICACIÓN DE LA RAZÓN (1917-1952)

  1. NOMBRE DEL PERIÓDICO

La Razón

  1. LUGAR Y RESIDENCIA DE LA ADMINISTRACIÓN Y REDACCIÓN

1917                   Calle Potosí 112

1918                   Calle Mercado

1919                   Calle Diez de Medina 174-178

1922-3               Calle Loayza 39-41

1926                   Calle Bolívar 10-12-14

1927-9               Calle Colón 125-127-129

1930-9               Calle Colón 435

1943-52             Av. 16 de julio 217-219 (Edificio propio)

  1. INDICACIONES QUE ACOMPAÑAN AL NOMBRE

1922-3               Diario de la mañana

1926                   Desde el 21 de noviembre, a la derecha del nombre:

ÓRGANO REPUBLICANO

Los gobiernos lo empastelaron dos veces y lo clausuraron siete. El pueblo lo reclamó siempre.

1927                   Desde 1 de octubre:

Los gobiernos lo empastelaron dos veces y lo clausuraron ocho. El pueblo lo reclama siempre.

1929                   Desde septiembre, debajo del nombre:

El gran diario independiente de Bolivia. Los gobiernos lo empastelaron dos veces y lo clausuraron ocho. El pueblo lo reclama siempre.

1930-2

El gran diario independiente de Bolivia. Los gobiernos lo empastelaron dos veces y lo clausuraron ocho. Nunca fue diario gubernista.

1941

Diario independiente – Fundado el 7 de febrero de 1917

1942

Diario Independiente

1943

La noticia es sagrada, el comentario, libre

Respecto a este nuevo lema, en La Razón de 30 de mayo de 1943 se publicó lo siguiente: “Veinticinco años de dura prueba y lealtad a nuestros principios, nos dan derecho a usar como cosa que legítimamente nos pertenece el lema que encabeza estas líneas./ ‘La noticia es sagrada’, fue y lo será siempre en todas columnas de La Razón; jamás serían tergiversados los hechos, aún en aquellos casos que van en contra de la política y los intereses de nuestro diario. Pero ‘el comentario es libre’, y cuando se trata de juzgar y analizar noticias y hechos, lo haremos de acuerdo a nuestros sanos principios, enmarcando observaciones dentro de lo que conceptuamos conveniente para los intereses de la patria”.

El lema dejó de publicarse el 1 de enero de 1944

  1. PERIODICIDAD

Diaria

  1. MOMENTO DE APARICIÓN

Apareció cuando el régimen liberal estaba en franca decadencia, bajo la presidencia de don Ismael Montes, en su segunda administración gubernativa (7-II-1917).

  1. ZONA PRINCIPAL DE DIFUSIÓN

La Paz, Bolivia

  1. TIRAJE

No existen datos  exactos sobre este particular. No obstante, el tiraje de La Razón, no puede ser comparado a los alcanzados por los diarios de las ciudades industriales, pero, en Bolivia, para su tiempo, fue el periódico que editaba mayor número de ejemplares.

Según los responsables del propio periódico, del primer número de La Razón se imprimieron 2.600 ejemplares que se acabaron rápidamente.

En ocasiones especiales, por ejemplo, cuando ocurrió la muerte del expresidente José Manuel Pando (17 de junio de 1917), ciertamente un hecho extraordinario, por primera vez en la historia del periodismo boliviano, un órgano de prensa alcanzó un tiraje superior a los 15.000 o 17.000 ejemplares.[74]  “Aunque la circulación de La Razón —dice Jerry Knudson— era siempre pequeña, en términos del periodismo de las sociedades industriales, el impacto que causaba era enorme, y a veces decisivo”.[75]

Después el tiraje estándar de La Razón, era de 3.000 ejemplares diarios. Por lo menos así lo declaran en su edición correspondiente al 10 de octubre de 1918. “Los tres mil ejemplares del tiraje de nuestro diario de ayer y antes de ayer han sido insuficientes para satisfacer el pedido del público, viéndose obligada la administración a repetirla para servir a nuestros lectores de Oruro y otros puntos del interior…”.[76]

Hay que tener muy en cuenta que la cantidad de lectores era escasa, y, por este motivo, los periódicos de la época no editaban más de 3.000 ejemplares al día como un tope alto. Otro factor que influía decisivamente para el bajo tiraje de los diarios bolivianos, era, la reducida velocidad de las máquinas impresoras.[77]

Entre 1950 y 1952, el tiraje aproximado, según datos proporcionados por el periodista Guillermo Céspedes Rivera, último director de este diario, era de 26.000 ejemplares diarios. Los domingos se editaban alrededor de 32.000 ejemplares.

  1. PRIMER NÚMERO

7 de febrero de 1917

  1. ÚLTIMO NÚMERO

9 de abril de 1952.

Dejó de circular precisamente cuando asumió el poder el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), con la conocida Revolución de Abril, que clausuró inmediatamente este gran diario por considerarlo vocero de la Rosca Minera que ese partido combatía duramente y con todos los recursos posibles a su disposición. El cierre definitivo de La Razón era, pues, una cuestión de principios para el MNR, aunque sus dirigentes no lo decían abiertamente.

  1. PRECIO

1917-35             10 centavos

1936                   20 centavos

1939                   30 centavos

1940                   50 centavos

1942                   1 Bs.

1947                   2 Bs.

1950                   4 Bs.

1952                   5 Bs.

  1. CARACTERÍSTICAS EXCEPCIONALES EN LA VIDA DEL PERIÓDICO

5/XII/1917                      Primera clausura. Reapareció el 12/IV/1918

7/XI/1918                        Fue empastelado. Luego de trabajar penosamente con equipos dañados, a fines del mismo año contó con maquinaria nueva comprada por Carlos Víctor Aramayo, quien, a partir de entonces, formó parte del directorio de La Razón.

15/III/1920                      Sus talleres fueron asaltados e incendiados. Reapareció el 30/VIII/1920, gracias a la revolución del 12 de julio.

3/III/1921                        Tercera clausura y deportación de su director Gustavo Carlos Otero. Volvió a circular el 3 de abril de ese año.

VI/1922                           La Razón suspende sus ediciones entre junio y diciembre de ese año, según Eduardo Ocampo Moscoso.[78]

27/I/1943                        Sufrió, por descuido, un incendio. “El 27 de enero de 1943 el diario La Razón de La Paz sufrió un incendio de proporciones que evitó momentáneamente su salida. El fuego se había originado en la sala de talleres, donde el prensista Wálter Durán Vargas encendió un cigarrillo que inflamó uno de los turriles que contenía éter”.[79]

1944                                 El periódico fue clausurado, y su director, Nicolás Ortíz Pacheco, hecho prisionero y conducido a dependencias del Cuartel del Regimiento Calama.

14/I/1945                        “Después de un lapso de obligado receso, reanudó sus ediciones el diario La Razón de La Paz, bajo la dirección del experimentado periodista Guillermo Céspedes Rivera”.[80]

13/VI/1946                     Fue confiscado por el gobierno de Gualberto Villarroel (20-Dic-1943 al 21-Jul-1946); David Alvéstegui, su director, se asiló a raíz de un golpe de Estado. El diario fue devuelto a su propietario y restituido su conductor como consecuencia de la Revolución de 21 de julio de ese año que derrocó a Villarroel, quien, además, ese mismo día fue colgado en un farol de la Plaza Murillo por una turba enardecida. La Razón sacó una edición extraordinaria que fue repartida gratuitamente por todas las calles de la ciudad.

9/IV/1952                        Cierre definitivo de La Razón, como consecuencia de la toma del poder por parte del MNR a través de la Revolución Nacional de esa fecha.

  1. FORMATO

Largo: 53 cm. Ancho: 37 cm. (1917)

Largo: 53 cm. Ancho: 37 cm. (1918)

Largo: 53 cm. Ancho: 37 cm. (1919)

Largo: 53 cm. Ancho: 37 cm. (1922)

Largo: 57 cm. Ancho: 39 cm. (1937)

Largo: 57 cm. Ancho: 39 cm. (1938)

Largo: 57 cm. Ancho: 39 cm. (1939)

Largo: 59 cm. Ancho: 43 cm. (1942)

Largo: 59 cm. Ancho: 43 cm. (1944)

Largo: 59 cm. Ancho: 43 cm. (1948)

Largo: 59 cm. Ancho: 43 cm. (1952)

  1. NÚMERO DE PÁGINAS

El número de páginas que regularmente publicaba La Razón era, por lo general, desde su fundación (7 de febrero de 1917), de 8. Mantenía, en domingos igual volumen. En 1919 continúan las 8 páginas, pero en ocasiones especiales, se llegaba a las 12, tal el caso, por ejemplo, de la edición del domingo 25 de mayo de ese año para conmemorar el aniversario de Chuquisaca.

En 1922 sus ediciones cotidianas tenían, también, 8 páginas. Algunos días, con carácter excepcional, aumentaban a 12.

En 1942 las ediciones habituales, continuaban en las ocho páginas, los lunes; 12, los martes,  y en ocasiones especiales, por ejemplo, los aniversarios cívicos, como el de Potosí de ese año, tenían veinte páginas, distribuidas en tres secciones.

En 1944, los lunes, 8 páginas; martes, 12; miércoles, 10; jueves 14; viernes, 10; sábado 10 páginas y domingos, 22 páginas.

En 1948: lunes, 8 páginas; martes, 12; miércoles, 20; jueves, viernes y sábados, 10; domingos, 28. Ese mismo año de 1948, al celebrarse el cuarto centenario de fundación de la ciudad de La Paz, La Razón sacó una edición de algo más de 300 páginas, repartidas en diez secciones, que constituye una monografía de primer nivel sobre la ciudad de La Paz.

  1. NOMBRE Y DIRECCIÓN DEL IMPRESOR

Se carecen de datos

  1. NÚMERO DE EDICIONES POR DÍA

Una. Matutina

  1. LUGAR DE CONSERVACIÓN DE LAS COLECCIONES

Hemeroteca del Gobierno Municipal de La Paz (Incompleta)

Hemeroteca de la Biblioteca Central de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz (Incompleta)

Anexo 2

DIRECTORES DE LA RAZÓN (1917-1952)

1917                   Alfredo Infante

1917                   Javier Baptista

1918                   Eduardo de Villegas Iriondo

1918-20             David Alvéstegui

1921-32             Gustavo Carlos Otero

1932                   Juan Antonio Barrenechea

1933                   Carlos Víctor Aramayo

1933-35             Carlos Navarro

1936-37             Fabián Vaca Chávez

1937                   Vicente Fernández y G. (Interino)

1938                   Fernando Ortíz Sanz (Interino)

1938                   Luis V. Zavala (Interino)

1939                   Juan Luis Gutiérrez Granier

1940-43             Guillermo Gutiérrez Vea Murguía

1942                   Luis V. Zavala (Interino, en ausencia del titular)

1944                   Luis V. Zavala

1944                   Nicolás Ortíz Pacheco

1945                   Guillermo Céspedes Rivera

1945-46             David Alvéstegui

1946-49             Alfonso Crespo Rodas

1949-52             Guillermo Céspedes Rivera

NOTAS

 

[1] Forman parte del ciclo liberal los siguientes gobiernos: José Manuel Pando (1899-1904), Ismael Montes (1904-1909 y 1913-1917), Eliodoro Villazón (1909-1913) y José Gutiérrez Guerra (1917-1920).

[2] Mario Rolón Anaya “Partido Republicano”. En Josep Barnadas (Ed.). Diccionario Histórico de Bolivia. T. II. P. 480.

[3] Mario Rolón Anaya “Partido Republicano”. En Josep Barnadas (Ed.). Diccionario Histórico de Bolivia. T. II. P. 480.

[4] José de Mesa… Historia… P. 518.

[5] Josep Barnadas (Ed.) Diccionario… T. II P. 481.

[6] Rodolfo Salamanca Lafuente. “La Razón: Cómo se enciende una luz cultural”. Presencia, La Paz, 18 de junio de 1972.

[7] José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert. Historia de Bolivia. Primera edición, La Paz, Gisbert y CIA S.A., 1997. P. 504, 505.

[8]Enrique Finot. P. 357.

[9] José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert. Historia de Bolivia. Primera edición, La Paz, Gisbert y CIA S.A., 1997. P. 504, 505.

[10]Moisés Alcázar. Páginas de sangre. La Paz, 1967. P. 162

[11] José de Mesa… Op. Cit. P. 508.

[12] Ibidem.

[13] Josep Barnadas (Ed.) Diccionario… T. II P. 41.

[14] Folletín publicado entre el 16 de octubre y el 12 de noviembre de 1918.

[15]Acusación contra el ex Presidente de Bolivia ciudadano Ismael Montes. Nuestra palabra. ‘La justicia tarda, pero llega’. La Razón, folletín, (LP.16.Oct.1918).

[16] Discurso de Daniel Salamanca en sesión cameral, transcrito parcialmente por Eduardo Ocampo Moscoso, Historia… P. 391, 392.

[17] “Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[18] “Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[19]La Razón y el proceso histórico de Bolivia”. La Razón, Segunda Sección, La Paz, 30 de mayo de 1943. P. 14.

[20] Jerry Knudson. The press and the Bolivian National Revolution. P. 14. Traducción del inglés del autor.

[21] V. “Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[22] Efraín Chacón. “La Razón”. La Razón, Año 1, Nº 2, La Paz, 8 de febrero de 1917. P. 5.

[23] “El periodismo en 1918”. La Razón, La Paz, 1 de enero de 1919. P. 1.

[24] “Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[25] Rodolfo Salamanca Lafuente. “Periodismo”. P. 567.

[26] “Otro empastelamiento de La Razón. Hemos descubierto que la policía lo prepara.”. La Razón, La Paz, 17 de junio de 1919. P. 1.

[27] “Un diario… La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[28] El 23 de mayo del mismo año de 1922, La Razón publicaba una nota bajo el sugestivo título: “La inquisición saavedrista. Se enjuicia a La Razón porque defendió a una esposa e hijos desamparados. Un proceso que concluye en 45 minutos. Se atropella todas las formas legales. Y se dicta una sentencia escandalosa. Nuestro director protesta en la audiencia y el juez lo amenaza con arrestarlo”, y dos días después, el 25 de mayo, otra intitulada “El juicio contra La Razón. Mayores esclarecimientos”.

[29] E. Ocampo Moscoso. Historia… P. 405.

[30] “Historia General de Bolivia”. La Razón, La Paz, 7 de mayo de 1922. P. 5.

[31] José de Mesa… Op. Cit. P.513.

[32] “Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[33] “Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[34] José de Mesa…. P. 516.

[35] “Un diario boliviano. La Razón”. La Razón, Edición de homenaje al 4to. centenario de fundación de La Paz, novena sección, La Paz, 20 de octubre de 1948. P.6.

[36] José de Mesa. P. 539.

[37] Cf. José de Mesa. P. 545.

[38] José de Mesa. P. 546.

[39] José de Mesa. P. 546.

[40] José de Mesa. P, 551.

[41] José de Mesa. P. 551.

[42] José de Mesa. P. 552.

[43] José de Mesa. P. 552.

[44] José de Mesa. P. 553.

[45] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia…  P. 545.

[46] “Editorial” La Razón, La Paz, 10 de enero de 1943, citado por Eduardo Ocampo Moscoso, Historia… P. 545.

[47] Cf. Eduardo Ocampo Moscoso. Historia… P. 546, 547.

[48] Cf. Eduardo Ocampo Moscoso. Historia… P. 548.

[49] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia… P. 549.

[50] Rodolfo Salamanca Lafuente. “Periodismo”. p. 567.

[51] “Un diario boliviano. La Razón. Novena sección. P. 6.

[52] “Un diario boliviano. La Razón. Novena sección. P. 6.

[53] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia del Periodismo Boliviano. P. 598.

[54] Hoy se celebra el IV aniversario de la jornada revolucionaria del 21 de julio de 1946 que puso fin a la dictadura impuesta en diciembre de 1943”. La Razón, La Paz, 21 de julio de 1950. P. 4.

[55] “21 de julio”. La Razón, Editorial, La Paz, 21 de julio de 1950. P. 4.

[56] Carlos Víctor Aramayo. “Un cuarto de siglo”. La Razón, Segunda Sección, La Paz, 30 de mayo de 1943. P. 11.

[57] Rodolfo Salamanca Lafuente. “La Razón. Como se enciende…”

[58] Rafael García Rosquellas. “El periodismo en Bolivia”. P. 73.

[59] “Una nueva sección en La Razón”. La Razón, La Paz, 23 de octubre de 1942. P. 4.

[60] Correspondencia pública, La Razón, La Paz, 27 de octubre de 1942.

[61] Transcripción de El País de Cochabamba, publicada en La Razón, La Paz, 15 de junio de 1943.

[62] “Editorial” de la Tribuna de Tarija, transcrito parcialmente por Eduardo Ocampo Moscoso. Historia del Periodismo Boliviano… P. 541.

[63] Wikipedia.org, artículo Premios Maria Moors Cabot. Consultado el 23 de julio de 2019.

[64] “Merecidamente La Razón de La Paz fue objeto de una alta distinción internacional”. La Razón, Opiniones de la prensa nacional (transcripción de El País de Cochabamba), La Paz, 12 de noviembre de 1947. P. 4.

[65] “Un diario que honra Bolivia”. La Razón, Opiniones de la prensa nacional (transcripción de El Comercio), La Paz, 12 de noviembre de 1947. P. 4.

[66] Alfonso Crespo Rodas. “La Paz en el cuarto centenario de su fundación”. La Razón, Edición de homenaje al Cuarto Centenario de Fundación de La Paz, primera sección, Editorial, La Paz, 20 de octubre de 1948. P. 6, 7.

[67] “La fundación del MNR”. La Nación, Homenaje al X aniversario de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952, Segunda Sección, Cuerpo Histórico, La Paz, 9 de abril de 1962. P. 12. El acuerdo de fundación dice: “Los suscritos ciudadanos de Bolivia reunidos a invitación del señor Víctor Paz Estenssoro, a objeto de considerar la realidad económica y social de la República, y los deberes políticos que, frente a ella, incumben a la ciudadanía independiente: contraen el compromiso de promover un movimiento patriótico de orientación socialista, dirigido a defender y afirmar la nacionalidad boliviana”. Siguen los nombres de los firmantes a la cabeza de Víctor Paz Estenssoro, Carlos Montenegro, Alberto Mendoza López, Enrique Costas, Arturo Pacheco, Hernán Siles Suazo (…) Augusto Céspedes (…) y otros.

[68]Cf. “Nacimiento del M.N.R. 7 de junio de 1942”. La Nación, Homenaje al X aniversario de la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952, Primera Sección, Cuerpo Histórico, La Paz, 9 de abril de 1962. P.5.

[69] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia del periodismo boliviano. P. 662.

[70] Guilllermo Céspedes Rivera. “Cuando una luz se apaga…”. Presencia, Presencia Literaria, La Paz, 9 de abril de 1972.

[71] Guillermo Céspedes Rivera. “Cuando…”.

[72] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia del Periodismo Boliviano. P. 666.

[73] Luis Ramiro Beltrán. “Recuerdos de La Razón”. Última Hora, Semana de Última Hora, La Paz, 31 de octubre de 1980. P. 15.

[74] Juan Silva Velasques. “Así se fundó ‘La Razón’ de 1917 en La Paz”. Presencia, Presencia Literaria, La Paz, 23 de julio de 1972.

[75] Jerry Knudson Op. Cit. P. 14. Traducción del Inglés por el autor.

[76] “Las tiradas de La Razón”. La Razón, (LP.10.Oct.1918): 1.

[77] Rodolfo Salamanca Lafuente. “La Razón. Cómo se enciende…”.

[78] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia del Periodismo Boliviano. P. 464.

[79] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia del Periodismo Boliviano. P. 547.

[80] Eduardo Ocampo Moscoso. Historia del Periodismo Boliviano. P. 572.