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En esta oportunidad me permito compartir un breve artículo del poeta orureño Sergio Gareca Rodríguez (1983), referido a una parte de la obra poética del polígrafo Ramiro Condarco Morales, trabajo que fue leído en Oruro en 2018, en el marco de un homenaje que se rindió a la memoria de Condarco. Asimismo, agradezco a Sergio por el envío del trabajo y la respectiva autorización para compartirlo por este medio.

Gareca es autor de los poemarios Historias a la Luna (2004), Bostezo de serpiente infinita (poesía visual, 2009) y Transparencia de la sangre (2010) y Área VIP (2016).  Incursionó en el cuento con Tradiciones del futuro (2015). También publicó el libro experimental Apología de un monstruo diminuto (2018), La inconclusa y su yapa (2019), antología poética personal editada por la Unión Nacional de Poetas y Escritores (UNPE).

Lleva a cabo una intensa labor de promoción cultural en su terruño, y entre otras actividades fundó el ateneo “Semilla Cámbrica-Mundo Libre”. Recibió en 2010 el Premio Poetas Jóvenes de Bolivianos (REDC).

Poesía de Ramiro Condarco Morales

Por Sergio Gareca (Poeta orureño)

Con seguridad no me encuentro a la altura de la persona ni a la obra de quien voy a referirme, sin embargo, creo que es un deber, un satisfactorio deber, tener la oportunidad de honrar a quien nos ha dejado un valioso legado y, más aún, de quien ha habitado estas tierras y ha mirado los mismos cielos que a mí me han conmovido, desde siempre, y a los cuales les debo pertenencia y cariño, con la misma melancolía de país perdido, siempre habitable en la alegría tanto como en la nostalgia. Oruro.

Tres títulos de Ramiro Condarco Morales han llegado honrosamente a mis manos.  ZEDAR DE LOS ESPACIOS, editado en La Paz en 1975. Encontrado junto con otros veinte ejemplares en una librería de Chuquiago hace alrededor de cinco años, que llama ya a la curiosidad, tanto por la anécdota de su hallazgo como por su enigmático título y, del cual, nos ocuparemos de manera especial en este breve artículo. También están otros dos libros anteriores, CANTAR DEL TRÓPICO Y LA PAMPA, editado en Buenos Aires en 1948 y MARES DE DUNA Y VENTISQUERO, del mismo año editado en La Paz.

Hay que notar inicialmente que el poeta en estos dos primeros libros apenas ronda la veintena de años y, sin embargo, nos confronta a una poesía cuidada tanto como pulcra. Cualidades que sin duda fueron observadas ya en su tiempo, pues editar en Buenos Aires, a esa edad y en aquel tiempo, desde luego no es obra de la casualidad.

Pues bien, a tomar vuelo, partiremos por la pregunta ¿Qué hace un lector a punto de entrar a la segunda década del siglo XXI, leyendo la poesía de Ramiro Condarco Morales, un personaje que es más conocido por su faceta como ensayista? ¿A qué viene la pregunta?

Pues para empezar a desglosar el apunte sobre su obra, comenzaremos destacando la erudición del autor, exaltando su riqueza léxica. Pude salir al paso, acompañado por mi gran compañero de años el diccionario Karter Ilustrado al que acudo desde la infancia, el diccionario digital, pues, he sido asaltado por varias palabras que no sólo me han pillado en ascuas a mí, sino también a ellos, y en más de una oportunidad a Wikipedia y al mismo Google. Este es un rasgo característico de toda la obra que nos toca conocer. Detalles de botánica, cultura helénica, histórica y otras áreas aparecen por toda ella.

Otra virtud es la cadencia en el verso. Casi siempre endecasílabo, sin que se deje un atisbo siquiera de forcejeo con la palabra. Más bien una naturalidad con el ritmo de los poemas. Dos poemas formidables en su primer libro, Poema del bosque y Oración final son una muestra de ello.

Sus primeros poemas se refieren temáticamente a nuestro país y su paisaje con maravilloso deleite descriptivo, podría decirse al gusto de la poesía china, casi completamente libre del yo poético invasivo sobre los detalles intimistas del ser, sino más bien con una devoción panteísta al altiplano y a la naturaleza. Canta con melancolía al desbordante espectáculo de la vida en nuestro país, libre, felizmente, también del estúpido patriotismo que ensucia tanto las horas cívicas como a la poesía misma. Goza de una vigorosa descripción rítmica.

En los atisbos de la materialización de esa melancolía en la encarnación de los versos, se nota a un hombre decidido. Carece también sanamente de auto lamentaciones, a las que también muchos poetas nos tienen acostumbrados. Esta decisión y seguridad es la que le otorga el vigor que antes hemos anotado.

Otro tema de perfecta actualidad se da en el par de sonetos que llevan por título El Jaguar, en el que describe con total dignidad al jaguar y que hoy por hoy sería completamente vitoreado por activistas ecológicos, pues, son temas que van más allá del tiempo. El traslado del poeta de su propio ser a otras entidades. Una enunciación total de nuestro ser natural, habitante y viviente.

Hay algunas contemplaciones recurrentes: el agua vista como un reptil líquido, o, me aventuro, la identificación con el viento en tránsito por la tierra nuevamente vigorizado por ella. La presencia de la nieve como casi un estado permanente en la estación interior de su alma de la cual la naturaleza parece ser en algún momento un simple reflejo.

Luego nos enfrentamos al interesante ZEDAR DE LOS ESPACIOS.

De él debemos notar primeramente su temática. Pues trata de Zedar, un ser humano, habitante del espacio y dependiente de una raza humanoide, los silenios, quienes lo llevan por excursiones espaciales hasta dar con un encuentro con la humanidad y, con la humanidad, el amor mismo. Para luego enfrentarse a la aparente maldición de nuestra condición, de todas formas, mundana, la soledad.

Pero al ser aparentemente un cuento de ciencia ficción ¿por qué hacerlo en verso y no en prosa? Pues en este caso podemos hablar tranquilamente de un canto épico de lo ficticio donde, sobre todo, cada verso nos ofrece por su cadencia y ritmo un efecto casi cinematográfico que definitivamente la prosa no podría conseguir y que es sólo atribuible al poeta por su amplia capacidad descriptiva.

En algunos casos la metáfora cede ante el razonamiento, pero que de ninguna manera afecta al tratamiento del texto que es un ejemplo de plasticidad del lenguaje.

En lo que se refiere al metatexto podríamos decir que nos enfrentamos al aprendizaje, como razón del ser y del existir. El ser humano en su simpleza similar a la de los simios vive para aprender y es el espacio infinito víctima de esta sed insaciable.

Una muestra de la búsqueda del ser propio más allá de uno mismo, en otro planeta incluso, para dar muerte a una parte de sí. Así como al momento de enfrentarse a la muerte del ser amado, nos permite reflexionar acerca del tiempo que, en cualquier caso o en una vuelta al pasado, sólo encuentra arrepentimiento y al huir, con el despojo de esa realidad, en la esperanza nuevamente, encuentra al aprendizaje, al dominio de las fuerzas que se manejan en el universo, el futuro. La flor símbolo de amor y esperanza.

Este esfuerzo sonoro, temático y simbólico, es un paralelo a las referencias poéticas que manejamos de este tiempo en la literatura boliviana, que en su momento estaba totalmente entregada a la reivindicación política. Es un testimonio de la emoción del ser humano en la perspectiva de la conquista del espacio, que hoy ya nos interesa cada vez menos. La futilidad de nuestra sociedad actual nos ha ensordecido frente al canto silencioso de las estrellas. A pesar de que no hace mucho se ha llevado a cabo el primer vuelo espacial de iniciativa de capital privado en el mundo.

Podríamos concluir que una de las principales características de la poesía de Ramiro Condarco es la relación contigua, primeramente con el entorno e inmediatamente con la curiosidad y la voluntad del ser humano sorprendido por sí mismo en la voluptuosidad del universo.