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Ramiro Duchén Condarco

Dos hermanas, casualmente, fueron progenitoras de dos presidentes de Bolivia, en el denominado ciclo conservador: por un lado, Florencia que dio a luz a Narciso Campero Leyes (1813-1896), y por el otro, Josefa que concibió a Gregorio Pacheco Leyes (1823-1899). El destino tuvo a estos dos grandes hombres cerca y lejos, según las circunstancias que los unió o enfrentó.

Ambas mujeres eran hijas de doña Juana Madariaga, quien contrajo matrimonio con el súbdito español Pedro Leyes, a la sazón afincado en Bolivia. La mujer enloqueció, quizá al influjo de los enfermizos e insoportables celos y castigos que el hispano cotidianamente infligía a su pareja; dice al respecto, por lo mismo, don Jaime Mendoza, uno de los más notables biógrafos de Pacheco: “estuvo loca durante un largo periodo de su vida, y loca murió”.[1]

“La familia Leyes —añade Mendoza— fue yendo a menos cada día, tanto por la locura de doña Juana, de que eran testigos infortunados sus tres hijas ya jóvenes [Felipa, Josefa y Florencia] en la época a que se refiere este relato, como por las vicisitudes ocasionadas por la guerra sangrienta que, hacía poco, había estallado en el Alto Perú”.[2] Eduardo Campero, en cambio, asegura que los vástagos de esa unión fueron Pedro y cuatro hijas de las cuales la menor se llamaba Florencia.[3]

Campero gobernó Bolivia entre 1880 y 1884; Pacheco, inmediatamente después, de 1884 a 1888. El primero fue puesto en el gobierno en plena Guerra del Pacífico, luego de un golpe que alejó del poder a Hilarión Daza (1876-1879); el segundo accedió al mismo mediante elecciones, y como cabeza del partido demócrata.

Narciso Campero nació en Tojo, Tarija, en el seno del marquesado de ese nombre, y Gregorio Pacheco, en Livilivi, población perdida en el altiplano potosino.

Eran tales los celos que padecía el español Pedro Leyes que no quería que sus hijas contrajeran nupcias por el temor que sus yernos se convirtieran en amantes de su esposa… A tan inaudito extremo llegaban…

Felipe Campero, administrador general de los bienes del marquesado de Tojo, donde trabajaba, pidió en matrimonio a Florencia, solicitud que fue sistemática y reiteradamente negada por el desquiciado español. Sin embargo, la hija, a escondidas del padre, mantuvo la relación con Campero y dio a luz un niño el 28 de octubre de 1813, que fue bautizado como José Narciso Quipildor, por temor a las represalias paternas, y entregado al cuidado de unos indígenas de ese apellido, que causalmente perdieron un recién nacido el mismo día.[4] Pedro Leyes tuvo que trasladarse con urgencia a Livilivi y llevó a su hija Florencia en el viaje, quien —habida cuenta su estado, desconocido por el padre—, no pudo resistir el trajín, y murió al llegar a la referida población.

Luego de transcurrido algún tiempo, y una vez muerto don Pedro Leyes, Felipa y Josefa quedaron desamparadas, y con la responsabilidad de cuidar a su enajenada madre.

La suerte pareció sonreírle a Josefa; contrajo matrimonio con el ciudadano argentino Brígido Pacheco,[5] con quien tuvo dos hijos, Gregorio y Agustín. Sin embargo, la unión no duró mucho, merced a las arraigadas costumbres de don Brígido, inclinadas a la vagancia, al alcohol, al juego y las mujeres, combinación letal para debilitar y destruir cualquier matrimonio. Josefa se hizo cargo de sus dos hijos, sin recursos, pero con mucha convicción.

Al cabo de un tiempo, Gregorio virtualmente fue secuestrado por su padre, y obligado así, a vivir con él, vagando de un lugar a otro, sin residencia fija, y sin dinero para llenar las necesidades básicas. Nunca más volvió a ver a su madre… Hacia 1836, cuando Pacheco contaba con 13 años, se separó definitivamente de su progenitor,[6] y pasó al cuidado de Domingo Aparicio.

Esta nueva etapa en la vida de Gregorio Pacheco, fue altamente positiva, ya que encontró “un gratísimo ambiente, un verdadero nido de ignotos afectos y de futura felicidad”.[7] Hasta ese momento, Gregorio no tuvo la oportunidad de estudiar…

Narciso, en cambio, en 1820, quedó al cuidado de su padre luego de recuperarlo de unos indígenas con los que, por diversos motivos, había permanecido siete años.

El progenitor se preocupó por la educación del todavía pequeño Narciso y en esos afanes, llegó, inclusive a llevarlo a Lilivili para que estudie un tiempo en la escuelita de ese desolado paraje patrio que casualmente contaba aquellos años con un maestro.

Según información suministrada por Eduardo Campero, “a fines de 1827, Don Felipe murió en Tojo, declarando heredero universal de sus bienes a su hijo Narciso y nombrando tutor de éste a su amigo Mariano Aparicio, a quien no se conocía más bienes y fortuna que su espada”.[8]

Hacia 1848, de acuerdo con el propio hijo de Narciso, Eduardo Campero, Gregorio Pacheco “había terminado sus estudios profesionales y manifestó a su primo el deseo de asegurarse un porvenir dedicándose al trabajo y dijo que para ello pensaba establecer en el sud de Bolivia un taller de Daguerrotipo./ El Teniente Coronel aprobó calurosamente los planes de su primo y con grandes sacrificios le proporcionó los fondos necesarios para que comprara todo el material necesario para el ejercicio de su profesión, gastos de viaje y lo necesario para su establecimiento en Bolivia”.[9] Este detalle no es considerado por los biógrafos de Pacheco, pero parece no tener relación con la actividad que realizó este personaje, en un principio, más bien dedicado al comercio, y luego a la minería, rubros en los que actuó exitosamente y se constituyeron en la base de la fortuna que amasó a lo largo de su vida.

NEGOCIOS EXITOSOS

Con el paso del tiempo, los primos Pacheco y Campero, tuvieron acercamientos y forjaron una relación más bien de índole comercial. En efecto, “formóse previamente una sociedad mercantil entre Campero, Anzoátegui y Pacheco, y se convino que éste se dedicaría en Europa a estudios comerciales, a la vez de ‘mandar facturas de mercaderías para su realización en Bolivia’. Los gastos del viaje y estudios se harían por cuenta de la sociedad”.[10]

Cuando Pacheco retornó de Europa a Bolivia, volvió solo, toda vez que Narciso Campero “debía quedar allí por diez años, hasta 1855”. [11]

Jaime Mendoza afirma que la sociedad referida en párrafo precedente “debía durar hasta 1849; y en ella supo desplegar el joven Pacheco ‘una actividad maravillosa’. El lote de mercaderías que había traído él mismo, dió pingües utilidades. Se ensancharon los negocios de la sociedad, y Pacheco, después de cubrir con las ganancias todos los gastos que había realizado en su viaje, podía enviar a su hermano Campero las sumas que la permanencia y viajes de éste en el extranjero exigían en veces, en proporción crecida”.[12]

En ese entonces, reinaba la armonía en la relación familiar entre ambos futuros presidentes de Bolivia. Es así que hacia 1858, Campero “el que hasta entonces fuera su decidido colaborador  y partícipe en sus triunfos o reveses de fortuna, le ayudó eficazmente mandándole algunos miles de pesos (Bs. 4,000), contribuyendo así, aunque con modesta suma, a que Pacheco alcanzase sus propósitos”.[13]

“El dinero que, aún tratándose de pobres diablos —sostiene el biógrafo de Pacheco, Jaime Mendoza— sabe hacer el milagro de convertirlos en seres respetables e influyentes , y que, en las manos de los que saben gastarlo bien, es sencillamente una palanca de primer orden para llegar a los mejores resultados./ Y Pacheco era uno de esos hombres que saben gastar bien el dinero./ La bolsa abierta, eso sí, para obras buenas, para los fines trascendentales./ Y aún tratándose de diversiones, el dinero era gastado para hacerlas más delicadas y deleitosas./ Ese era el empleo que hacía Pacheco de su fortuna./ Pero lo que, en este respecto de gastar bien el dinero, caracterizaba sobre todo su manera de ser cuando se hizo rico, era su facilidad para promover obras de caridad”.[14]

Las relaciones comerciales se fueron acrecentando y así, verbigracia, poco más adelante, “por instancia de Pacheco se formó una sociedad comercial bajo la razón ‘Campero y Compañía’, con domicilio legal en Tupiza; cuyos socios eran los Señores Manuel  y Vicente Anzoátegui, Narciso Campero y como socio industrial Gregorio Pacheco; dicha casa tenía una agencia en Tarija”.[15]

En su juventud, Pacheco participó ocasionalmente en política, y se involucró en un conato subversivo contra la administración gubernativa de Manuel Isidoro Belzu, fruto del cual conoció los sinsabores del destierro.

DESPRENDIMIENTO DE PACHECO Y APOYO A LA QUINTA DIVISIÓN

Durante la guerra del Pacífico, Gregorio Pacheco dio muestras de un profundo sentimiento patrio, al donar la mitad de su riqueza para la compra de suministros bélicos requeridos por el ejército boliviano. Veamos:

“… Pacheco dispúsose a ceder la mitad de su fortuna en aras de su patriotismo. Ya antes la compañía minera Guadalupe había votado fondos (cincuenta y dos mil Bolivianos) para la adquisición de un buen lote de armamento en el extranjero. ‘Accionista en la compañía minera Huanchaca, impulsó en este carácter el auxilio en numerario, material y personal que esa compañía prestó incansablemente a la Quinta División comandada por el General Campero, la cual, destinada en los consejos de la defensa al rol importante de amenazar la ocupación del Litoral  y servir en su caso de oportuno refuerzo al ejército de la Alianza que operaba en Iquique y Tarapacá para oponerse al desembarque de los chilenos, vagaba en los desiertos de Lipez sin horizonte para sus aspiraciones de combate, sin rumbo para sus marchas forzadas y agotando, en su lucha con el desierto, la fuerza viril de los denodados hijos de Potosí, Tarija y Chichas’”.[16]

Así, pues, el valioso aporte de Pacheco a la campaña bélica en defensa del Litoral, benefició a su primo Campero, quien a la sazón comandaba, precisamente, la Quinta División. Fue solo una coincidencia… pues el filántropo no eligió el destino de su donación.

LA MANZANA DE LA DISCORDIA

Pacheco y Campero fueron socios en la empresa minera Guadalupe, próspero emprendimiento que dio importantes rendimientos y originó una sonada disputa entre los primos Leyes.

Mendoza, en nota marginal, comenta, sobre el particular: “Campero, durante la administración presidencial de Pacheco entabló contra él una demanda ante los tribunales de justicia exigiéndole la mitad de la propiedad y frutos de la Compañía Guadalupe por razón de que el año 1858, […] contribuyó con Bs. 4.000 en la sociedad organizada por Pacheco y Ramirez, primero tomando en arrendamiento los intereses indicados de Guadalupe, y después comprándolos a Reza. Pacheco negó ese derecho a Campero y adujo que esos Bs. 4.000 habían sido superabundantemente reembolsados por éste en diversas formas. El pleito, dados los personajes y la cuantía de los intereses demandados, tuvo gran resonancia y dio lugar a que, aún fuera de los tribunales de justicia, se le tratase por el gran público en formas no siempre comedidas para los contendientes, sobre todo para Campero. Y lo peor fue que el mismo Pacheco y Campero se dejaron arrastrar por el encono recíproco que nació de esta cuestión para decirse ya directamente o por medio de sus abogados o prosélitos, cosas injuriosas y ciertamente impropias de la nobleza comprobada de cada uno. Los primeros fallos de los tribunales en esta cuestión fueron favorables a Pacheco”.[17]

Por nuestra parte, tocamos en el presente trabajo este asunto de manera puntual, aunque no exhaustiva, habida cuenta que, precisamente, se trató de un sonado caso judicial, dada la elevada investidura de los protagonistas, y el consiguiente interés público que adquirió por lo mismo, pese a tratarse, en esencia de un tema restringido al limitado interés de los directamente involucrados. Además, el proceso contra Pacheco se inició cuando este aún era Presidente de la República, y no un ciudadano más.

Vale hacer notar que los balances de la empresa minera Guadalupe arrojan resultados altamente positivos, ya que generaba importantes utilidades,[18] principalmente fruto del tesonero esfuerzo de Pacheco y su probada capacidad como organizador y administrador.

EL GENERAL CROUPIER

Al explicar su vinculación con la empresa, Campero dice textualmente: “…en razón de que las cuatro acciones restantes quedaron en beneficio de Ramirez y nuestro, comprendiendo este adjetivo nuestro el beneficio de Pacheco y el mio, como qué me llevaba él en ancas (valiéndome de la expresión de los mas distinguidos jurisconsultos en materia de sociedad): en una palabra, porque era yo su socio en participacion su ‘croupier’. Todo dependería, pues, de que yo cumpliese ó nó con la condicion requerida  de remitir los tres ó cuatro mil pesos, que es lo que vamos a ver…”.[19]

No debemos perder de vista que el croupier o crupier, es quien, parado junto a la ruleta “dirige la partida, promueve las apuestas, lanza la bolilla… cobra y paga por cuenta del casino. El castellano importó tal cual la palabra francesa ‘croupier’ formada del nombre ‘croupe’ y del sufijo que indica la actividad profesional. La ‘croupe’ es la ‘grupa’ (ancas de una caballería) y también, por analogía, una de las muchas manera de designar el trasero humano, generalmente femenino. En el siglo XVII el croupier era el que iba en la grupa, o sea detrás del jinete, y antes de que terminara el siglo era ya ‘el que se hace socio de otro jugador’. De allí viene el sentido actual de ‘croupier’”.[20]

De acuerdo con el propio Narciso Campero, la sociedad entre Campero y Pacheco, tuvo esas características… El primero de los nombrados avanzó montado en las ancas del caballo del segundo, hábilmente conducido por el propio Pacheco, por decirlo así… Campero tan sólo fue su croupier… Por ello, en la serie de folletos distribuidos que acompañaron el desarrollo del proceso,  Campero es denominado socarronamente como El General Croupier.

DENUNCIAS Y MÁS DENUNCIAS

Campero, cuando ejercía la primera magistratura de la República no inició ninguna acción judicial contra su primo, pero cuando éste fue elegido presidente, lo hizo, de tal modo que el proceso tenía, necesariamente, que adquirir interés nacional.

En efecto, “durante su administración, el General Campero había suspendido las gestiones relativas a la cuestión Pacheco y por conducto de varios amigos había hecho proponer a don Gregorio Pacheco el resolver el litigio que tenían pendiente, sometiéndole a una decisión de tres árbitros entre los amigos de ambos; Pacheco rehusó este recurso, argumentando que el mero hecho de aceptar el arbitraje implicaba el reconocimiento en favor de Campero de derechos que éste no tenía; poco después le hizo proponer una transacción sobre la base de que Pacheco donaría al General Campero la suma de 120.000 bolivianos; como era natural el General Campero le respondió que no le era posible recibir como limosna aquello que le pertenecía por derecho”.[21]

“El Doctor Campuzno a su arribo a Tupiza como apoderado del General Campero instauró en primera instancia la demanda contra don Gregorio Pacheco; éste nombró su representante al Doctor Severo Fernández Alonso”.[22]

“Elevado el asunto Campero-Pacheco ante la Corte Suprema de Justicia, el General Campero nombró sus abogados a los Doctores Gregorio Barrientos y Fidel Valdéz”.[23]

Severo Fernández Alonso (1896-1899), futuro presidente de Bolivia que dio fin al ciclo conservador, ofició como abogado de Pacheco que contaba, además con el incondicional apoyo de su secretario particular, el periodista y hombre de letras, Ricardo Condarco, quien se ocupó, además, de publicitar los avances y características del sonado proceso en diversos medios de prensa de todo el país, como veremos en próximas líneas.

Según denuncia (no probada) de Campero, “a mediados de agosto de 1887, Don Gregorio Pacheco había pedido a los doctores Gregorio Barrientos y Fidel Valdéz una entrevista secreta, después de poner el hecho en conocimiento del General Campero, ambos ocurrieron a la cita; después de hacer presente a cada uno de ellos que podía a perder su crédito de abogado defendiendo una causa perdida como era la del General Campero, esta reunión concluyó ofreciendo al primero una suma de 100.000 bolivianos y al segundo 80.000 bolivianos y el puesto de Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda si consentían en abandonar la defensa del General Campero”.[24]

La narración del hijo de Campero continúa:

“El General Campero había recusado a todos los miembros de la Corte Suprema, entre los que se hallaba el Doctor Melchor Terrazas; dicho señor fue a ver al caballero alemán Don Ernesto Rück, grande amigo del General Campero y le manifestó resentido con las injustas prevenciones que el General Campero abrigara contra él; con la sencillez propia de los hombres de buena fe, el señor Rück creyó en la sinceridad de la protesta del Doctor Terrazas y con tal vehemencia defendió a este ante el General Campero que consiguió que retirara el escrito de recusación. Apenas obtenido este resultado, el Doctor Terrazas arrojó la careta, llegando al punto de hacer que se rechazaran reiteradas excusas  presentadas por conjueces que eran amigos personales de Don Gregorio Pacheco y que fieles a su deber y al juramento que habían presentado no querían conocer  el asunto [comprendiendo en vista de esto el señor Rück que había sido víctima de las artimañas  de un integrante de baja ralea, rompió relaciones con el doctor Terrazas]. Viendo esto el General Campero elevó un escrito en el que después de enumerar varias series de prevaricaciones del Doctor Terrazas, de que su adversario había llegado hasta el punto de intentar corromper a sus dos abogados y haber sobornado a su procurador [se trataba de una diligencia a plazo perentorio y el procurador que había recibido de Don Gregorio Pacheco una suma de más de 6.000 bolivianos, se guardó el expediente sin decir una palabra a los abogados ni al General Campero], suspendía las gestiones judiciales”.[25]

Algunas anécdotas relatadas por el hijo de Campero respecto a episodios sin importancia que nada sustancial aportan a la vida y obra de los personajes, pero, en cambio, sirven para matizar la narración, y principalmente para hacer quedar mal parado a don Gregorio y sus adláteres, comprensible afán filial de Eduardo Campero al ensalzar (quizá desmesuradamente) la figura de su progenitor, son de la siguiente factura:

“En la noche del 1 de mayo, en momentos en que el General Campero y su abogado se hallaban fuera de casa y la señora recibía visitas, se presentó en el palco Don Gregorio Pacheco, en traje de gaucho y acompañado del alter ego el Ingeniero Ricardo Condarco; dirigiéndose a la criada zamba Lucia Tardío, que en ese momento estaba en el patio, le preguntó cuál era la habitación del General Campero; la zamba que no le había reconocido indicó la puerta de ésta; está aquí volvió a preguntar Pacheco”.[26] En realidad se refiere a Ricardo Condarco Huerta (1837-  ?  ), secretario de Pacheco, periodista y literato de gran prestigio en su tiempo, pero no ingeniero…

CUESTIONES PERSONALES DE INTERÉS PÚBLICO

El periodista y literato Ricardo Condarco Huerta,  dice, con sobrada razón, que “semejante contienda entre dos personajes, de los que el uno ocupa la primera Majistratura de la Nación y el otro acaba de ejercerla, debía exitar en alto grado la atención pública, como en efecto la ha exitado”.[27] Prosigue el mencionado periodista con su afilada pluma: “que los hombres de ley, los Abogados y Majistrados asómbrense al ver cómo en el foro boliviano, en el siglo de la civilización por la industria y el trabajo honrado, se quiere plantear la famosa teoría de la estaca del Jesuita y establecer como base de bienestar, la fácil y expeditiva  fórmula del modo de vivir de los zánganos”.[28]

“Terminamos con una declaración de conciencia —añade Condarco—. Es digno de compasión el General Campero, y hasta cierto punto, no creemos justo formarle cargo por la desgracia de haber nacido con el germen de la enfermedad de la madre, de donde resulta en embrollo y desconcierto de su cerebro y la falta de sal en su estrecha mollera. Pero en fin, como dicen que ‘el loco por la pena es cuerdo’, hemos cometido tal vez la insensatez de habérnoslas con un loco, cuyo tema es hacerse rico con lo ajeno”.[29]

Más allá de las fuertes apreciaciones vertidas por Condarco, queda el hecho de que las cuestiones privadas, cuando involucran a personalidades públicas, necesariamente, se tornan de interés general… Resulta muy difícil establecer las diferencias…

LA PRENSA Y EL PROCESO JUDICIAL

Como adelantamos líneas arriba, órganos como La Industria, Los Debates y La Dinamita, todos de Sucre, El Demócrata, El Nacional y La Tijera de La Paz, El Trabajo de Tarija, entre otras, se solazaban con la publicación de material de diversa índole relacionado con  el desarrollo del proceso judicial. Los comentarios eran  burlescos, y otros serios y enjundiosos, aunque estos últimos eran los menos. La aparición de este material era alimentada por los folletos producidos, con absoluta seguridad, por Ricardo Condarco e impresos a expensas de Gregorio Pacheco con los pormenores del pleito: alegatos, respuestas, y otro material jurídico inherente al mismo.

Muestras de ese material periodístico son las siguientes:

“Hemos leído el que publica el general D. Narciso Campero con motivo del pleito que ha entablado contra el señor Gregorio Pacheco.—Es una de aquellas belísimas producciones que estereotipan á su autor y que aparecen con tan poca frecuencia, como pocos son los momentos de solaz que se nos proporciona en esta triste vida./ ¡Qué momentos tan placenteros van á pasar los que se dediquen a la lectura del folleto en cuestión! Cuántas emociones; cuánta transición de lo bello á lo sentimental, de lo patético a lo desastroso, de lo familiar á lo grave, de la luz á las tinieblas, al caos, ¡oh! aquello es preciosísimo, monumental, divino; nada hay que pueda comparársele entre lo creado ni por crearse” (De El Trabajo de Tarija).[30]

“Como aquí penden intereses de familia, en los que peligran de alguna manera los fondos crispulianos, por fuerza tengo que dejar todo otro asuntos y ocuparme de este principal, es decir, aclarar la cuestión Campero-Pacheco./ El general croupier, quiero decir, mi abuelito reclama con justísima razón lo que este Pacheco quiere quitarle á fuer de Presidente, ¡qué picardía!/ Figúrense Ustedes, que mi abuelito Campero es dueño de la mitad de mina ‘Guadalupe’ y dueño legítimo, porque aunque no haya puesto ni un solo centavo para el trabajo, ni existían títulos de propiedad, ni escritura social, hay una ley vigente en el código del deseo que dice: (artículo 4,325) ‘Todo hombre tiene derecho para apercollar lo ajeno, previo pleito o enredo judicial’ y lo ratifica el artículo 5,000 que dice: ‘al que tiene manos, nada le falta’./ Como quiera que yo también soy socio croupier de mi abuelo en la empresa ‘Guadalupe’ y me toca la mitad de lo que alega el General, no quiero que mis intereses sean defraudados y pido que el Señor Don Gregorio nos dé cuanto antes la parte que á ambos nos pertenece…” (De La Tijera de La Paz).[31]

“El General Narciso Campero ha inmortalizado su nombre./ Ha legado a la posteridad una nueva obra, fruto de su fecundo ingenio. No se ocupa ya del solfeo, ni de jimnacia, ni del modo de freir rábanos, ni en fin del orden abierto en táctica militar; el asunto es mas serio, si señor, y se necesita nada menos que dar 55 volteos intelectuales, para llegar á comprender una sola palabra de las mil que hoy lanza en batalla, el órden completamente cerrado y bajo el título de ‘Cuestión judicial entre Narciso Campero y Gregorio Pacheco’./ Sumamente grave es el asunto, pero el General ha tenido bastante táctica y con el folleto y con Folleto Nº 1º.—‘Antecedentes de la cuestion’, ha dado tal estocada! que á todos nos ha muerto… de risa./ Recurre á la prensa en esta su malhadada cuestion por cierto muy conocida, solo por aceptar un desafío que, como General, no puede rehusar, y mucho más teniendo algunas medallas que adornan su pecho, una capita que le infunde valor y unos mostachos cual rabo de león enfurecido”.[32]

Esta nota continúa con una sátira —según la misma— “a la antigua usanza manchega”:

En que se hace una relación de los vínculos que existían entre Campero y Pacheco desde el nacimiento de éste./  Claro, y muy natural, pues, se comprenderá fácilmente que si el señor Pacheco no hubiera nacido, no habría vínculo posible, quedando el General completamente desvinculado./ Cómo se fueron fortaleciendo esos vínculos hasta que ambos llegaron á la edad viril.—Viajan juntos a Europa—Regresa Pacheco a Bolivia quedando Campero en Europa./ Si fueron juntos á Europa y regresó solo Pacheco, no cabe la menor duda de que el General no lo acompañó. Rarísimo habría sido que quedando Campero en Europa, regrese con Pacheco á Bolivia, en virtud de alguna endemoniada combinación espiritista. O si UU gustan, haré una demostración matemática: Fueron dos los viajeros, no es esto?, menos uno que quedó, 2 menos 2, es 1; luego, uno volvió y otro se quedó.—Comprobación.—Pacheco en Bolivia y Campero en Europa”.[33]

“…el folleto del Señor General Campero contra el filántropo Señor Don Gregorio Pacheco, ha sido mal recibido por la opinión sensata de los bolivianos, ha producido efecto muy diverso del que se propuso el desventurado General del Alto de la Alianza, quien mientras viva se elogiará deprimiendo á sus adversarios, unas veces con hipócrita cortesía y otras con el furor desenfrenado de un loco.—/ Antes de entrar en polémica en su hermano.—¿porqué no desbarata el General Campero los cargos que contra su honor ha formulado por la prensa el Coronel Francisco Benavente?—La opinión pública ha prestado seria atención á los escritos del veterano Coronel Benavente, y el señor Campero no puede desviar la atención del público boliviano con nuevas polémicas, cuya razon de ser no es favorable al anciano polemista. Antes de nuevas disputas, debe el General Campero vindicarse de los cargos que le ha hecho el Señor Benavente.—Mientras esto no haga, será dudosa su palabra en las demas cuestiones que proponga, dictadas por su egoísmo y su despecho, y que lejos de favorecer á sus hijos, acaso mañana, les sirva de rubor”.[34]

“…desde ayer ha circulado un importante folleto, en que el Señor Ricardo Condarco, con vista a los apuntes y dados suministrados por la colección del Señor Presidente de la República, refuta los asertos del folleto publicado en Potosí por el General Narciso Campero. El lenguaje correcto y elevado, difícil de sostenerse en folletos que, como el que nos ocupa, hacen luz en asuntos domésticos; las importantes revelaciones que contiene y la publicación de correspondencias íntimas, todo ha contribuido para que sea bien recibido por la opinión y sirva á sostener el fallo que el público á dado ya en favor de la causa del Señor Pacheco./ Está visto: el General Campero ha querido aprovechar el ímprobo, constante y penoso trabajo del Señor Pacheco, haciendo las veces del que se chupa el panal de riquísima miel, cuidadosamente guardada por las laboriosas abejas”.[35]

Finalmente, cabe mencionar una nota cursada por Ricardo Condarco a los editores de La Industria de Sucre, en la cual establece la falsedad de versiones que circulaban libremente como parte de la chismografía popular sobre tan rico manjar periodístico; dice: “Suplico á UU se dignen dar cabida en su ilustrado periódico á la siguiente aclaración:/ Se nos ha hecho saber que se esparce el rumor de que el señor Gregorio Pacheco está haciendo recoger los folletos del General Campero, lo que es de tal punto falso, que por el contrario ha mandado publicar el escrito de Alegato de éste, para cumplir su anhelante deseo de que el público se informe de la verdad sobre las pretensiones del señor Campero; y con este mismo objeto tendremos que hacer reimprimir el antes aludido folleto, que parece se hubiera distribuido en tan corto número por establecer misterio y conjeturas para los que no lleguen a leerlo”.[36]

LABOR GUBERNATIVA

Al hacer una somera evaluación de la administración gubernativa de Gregorio Pacheco, Jaime Mendoza puntualiza:

“Bien es verdad que ni aún así podía dar gusto a todo el mundo, y debió recibir recriminaciones de algunos, singularmente  de los del partido liberal, pero la verdad es también que tuvo suficiente tacto para evitar los desbordes  de los pocos descontentos, y en total de cuentas, llegó al resultado sorprendente —único en los fastos de las administraciones presidenciales de Bolivia—de que, durante los cuatro años de la suya no se hubiese producido ni una revolución, ni un pronunciamiento de cuartel, ningún derramamiento de sangre, ni siquiera algún destierro…”.[37]

La labor administrativa que le cupo desarrollar a Pacheco durante su gobierno bien puede sintetizarse en los siguientes puntos:

  • La modernización del país con la instalación de luz eléctrica en la ciudad de La Paz y el telégrafo, que conectó al país con el mundo a través de una línea internacional del Perú.
  • La fundación de Puerto Pacheco, que más tarde cayó a manos de Paraguay.
  • La construcción del Centro Psiquiátrico en Sucre que hoy lleva su nombre.
  • La firma del tratado de límites con el Paraguay.
  • La exploración del Chaco por una comisión encabezada por Antonio Tovar.[38]

En el marco de la labor filantrópica que caracterizó a Gregorio Pacheco, éste emprendió, con recursos propios, la construcción del Manicomio que hasta hoy lleva su nombre, seguramente impulsado por los dolorosos recuerdos de su abuela, doña Juana Madariaga, quien enloqueció y permaneció por largos años al cuidado de sus hijas, entre las cuales figuraba la madre de Gregorio, Josefa, al no existir un centro especializado en la atención de enfermos mentales.

En la Página Web del referido centro puede leerse: “El Instituto Nacional de Psiquiatría Gregorio Pacheco fue fundado en el año 1884 gracias a la donación del que fuera Excmo. Presidente de la República, Don Gregorio Pacheco, en cuyo honor el Instituto lleva su nombre. El mismo está destinado a la atención de los enfermos mentales de todo el territorio nacional./ La infraestructura inicial fue construida en los patios traseros del colonial hospital Santa Bárbara, con una capacidad para 50 pacientes. En muy breve tiempo, la capacidad de la misma fue saturada por la gran demanda de internación de pacientes, produciéndose un gran hacinamiento, llegándose al extremo de que los colchones se hallaban en el suelo. Esta situación difícil e infrahumana condujo a que el gobierno municipal de ese entonces, junto con un grupo de damas voluntarias, organizara una serie de juegos florales a efectos de recaudar dinero para la construcción de nuevos ambientes, y es así que a principios de siglo se entrega la infraestructura ubicada en los terrenos frente a la plazuela «Aniceto Arce», trasladándose los pacientes varones, quedándose en el vetusto y original manicomio, la sección mujeres”.[39]

RECONCILIACIÓN AL PIE DEL SEPULCRO

Más allá del sonado pleito judicial Pacheco-Campero, impulsado sin lugar a dudas por el factor económico, habida cuenta las pingües utilidades generadas por la empresa minera Guadalupe merced a la adecuada administración, aspecto en el que jugó un papel preponderante Gregorio Pacheco, desde distintas posiciones, en el ocaso de la vida, ambos personajes se reencontraron y perdonaron al pie del sepulcro:

“Por aquel mismo tiempo, y a poco de la muerte de su hijo Fernando, le tocó a Pacheco llenar también una muy triste pero noble misión./ El viejo General Campero, con quien según ya he dicho hacia mucho tiempo que se hallaba distanciado por una desgraciada cuestión de intereses, había caído muy enfermo. Súpolo Pacheco, y haciendo a un lado sus hondos resentimientos, fué  a ver a su primo y lo halló, en efecto, ya próximo a despedirse del mundo, pero aún en el ejercicio de sus facultades. Los médicos lo habían desahuciado. Campero  pasaba ya de los 83 años./ Y entonces, sonó otra vez entre los dos patricios después de muchísimos años aquella noble palabra, que en su niñez y juventud se dijeran siempre, cuando, según había dicho Campero, debían ser ‘uña y carne’ el uno para el otro; pero que, por la interposición de mezquinos intereses, de rencillas transitorias, no la habían vuelto a pronunciar, por más que ella aún flotara en lo profundo de sus almas  y contra los prejuicios de ellos mismos./ —‘Hermano’—dijo Pacheco en aquellos solemnes momentos, con el corazón profundamente emocionado./ y, ‘hermano’ — contestó Campero desde su lecho de muerte./ Y un largo y patético abrazo de ambos hermanos selló su hermosa y noble reconciliación”.[40]

A MODO DE CIERRE

No es propósito del presente trabajo realizar un seguimiento pormenorizado al proceso judicial de referencia, sino simplemente, anotar que se trató de un sonado juicio iniciado por cuestiones personales por un expresidente contra la primera autoridad de la República, hecho de suyo muy atractivo —desde el punto de vista periodístico— sobre todo por sus alcances y connotaciones.

 

En ese afán, nos conformamos con utilizar la información que tenemos a nuestro alcance, sin profundizar más al respecto. Dejamos esa labor a otros investigadores interesados en este tipo de procesos judiciales, sea por cuestiones familiares o netamente de interés jurídico.

 

Fuentes consultadas

Alegato de don Narciso Campero en el juicio que ha promovido contra don Gregorio Pacheco, alegando derechos en la empresa minera Guadalupe, mandado a imprimir a expensas del segundo. Imprenta de “La Industria”, Sucre, 1887. 24 P.

Bertrand, Alejandro. Compañía Minera y Agrícola Oploca de Bolivia. Informe del Ingeniero Don Alejandro Bertrand. Santiago de Chile, Imprenta Moderna, 1906.

Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General Narciso Campero. Apuntes de Eduardo Campero Anzoátegui. Estudio Eduardo Paz Campero Amelunge. Editorial e imprenta Universitaria, Santa Cruz, 2013. 365 P.

Contestación al alegato de D. Narciso Campero ante el Juez de Partido de Sud-Chichas en el juicio que ha establecido  contra D. Gregorio Pacheco, alegando derechos en los intereses mineralógicos de la empresa Guadalupe. Imprenta del Progreso, Sucre, marzo, 1887. 50 P.

Cuestión judicial Campero-Pacheco. Incidente promovido ante la corte de Potosí. Su negativa con multa y costas a la parte de Campero. Imprenta de “La Industria”, Sucre, 1887. 16 P.

Defensa del señor Gregorio Pacheco en el litigio suscitado contra él por don Narciso Campero sobre participación en la “Empresa Guadalupe”. Nº 4 Contestación al folleto Nº 4. Del demandante. Tipografía del Progreso. Sucre, 1889. 72 P.

Defensa del Señor Gregorio Pacheco en el Litijio suscitado contra él por don Narciso Campero, sobre una parte de la “Empresa Guadalupe”. Nº 2 Contestación al escrito por el Actor replicando al “Alegato” del Demandado. Esposición de la controversia. Tipografía del Cruzado, Sucre, junio, 1887. 60 P.

Defensa del Señor Gregorio Pacheco en el Litijio suscitado contra él por don Narciso Campero, sobre una parte de la “Empresa Guadalupe”. Nº 3. Contestación al escrito presentado por el actor replicando al “Alegato” del Demandado. Esposición sobre cuestiones incidentales, después de publicados los folletos 1º y 2º del Actor. Imprenta de “La Industria”, Sucre, junio, 1887. 24 P.

¡Empresa Guadalupe! ¡Cuestión judicial! Entre ¡¡¡Narciso Campero y Gregorio Pacheco!!! Nº 1. ¡¡¡¡Antecedentes de  la cuestión!!!! Nueva edición corregida y aumentada con un Apéndice interesante que contiene el juicio de la prensa, del folleto del General Croupier… Tipografía del Progreso, Sucre, junio, 1887. 52 P.

Mendoza, Jaime. Figuras del pasado. Gregorio Pacheco. Ex Presidente de la República de Bolivia. (Rasgos biográficos). Sociedad Imp. y Lit. Universo, Santiago, 1924. 369 P.

Para la historia. El general “Croupier” en campaña en campaña judicial. Tipografía del Progreso, Sucre, marzo, 1887. 18 P.

Webgrafìa

“Crupier” http://etimologias.dechile.net/?crupier Recuperado el 7 de noviembre de 2020.

“Crupier” https://es.wikipedia.org/wiki/Crupier, recuperado el 7 de noviembre de 2020.

“Gregorio Pacheco”. https://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Pacheco, recuperado el 12 de enero de 2021.

“Instituto Nacional de Psiquiatría Gregorio Pacheco”. https://sanjuandedios.com/orden/instituto-nacional-de-psiquiatria-gregorio-pacheco/ Recuperado el 12 de enero de 2021.

NOTAS

[1] Mendoza, Jaime. Mendoza, Jaime. Figuras del pasado. Gregorio Pacheco. Ex Presidente de la República de Bolivia. (Rasgos biográficos). Sociedad Imp. y Lit. Universo, Santiago, 1924. P. 13.

[2] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 13.

[3] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General Narciso Campero. Apuntes de Eduardo Campero Anzoátegui. Estudio Eduardo Paz Campero Amelunge. Editorial e imprenta Universitaria, Santa Cruz, 2013. P. 24.

[4] V. de Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 24.

[5] Según Eduardo Campero Anzoáegui, se llamaba Mariano…P. 27. Aunque el nombre completo pudo ser Brígido Mariano o Mariano Brígido… pero carecemos de documentación para afirmar aquello.

[6] “Seguramente don Brígido  había continuado empeorando en su situación hasta el punto de que ya no le era posible sostener a su hijo y llenar otras premiosas obligaciones, de suerte que tuvo que alejarse de su lado”, sostiene Jaime Mendoza. Figuras del pasado… P. 59.

[7] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 59.

[8] Campero Anzoátegui, Eduardo.  Vida del General… P. 34.

[9] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 85.

[10] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 94.

[11] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 99.

[12] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 103.

[13] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 140, 141.

[14] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 158, 159.

[15] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 87.

[16] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 229, 230.

[17] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 268 (Nota al pie de página).

[18]Al respecto, puede consultarse, por ejemplo, Bertrand, Alejandro. Compañía Minera y Agrícola Oploca de Bolivia. Informe del Ingeniero Don Alejandro Bertrand. Santiago de Chile, Imprenta Moderna, 1906. P. 59.

[19] Alegato de don Narciso Campero en el juicio que ha promovido contra don Gregorio Pacheco, alegando derechos en la empresa minera Guadalupe, mandado a imprimir a expensas del segundo. Imprenta de “La Industria”, Sucre, 1887. P. 7.

[20]  “Crupier” http://etimologias.dechile.net/?crupier Recuperado el 7 de noviembre de 2020.

[21] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 326.

[22] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 329.

[23] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 334.

[24] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 341.

[25] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 348, 349.

[26] Campero Anzoátegui, Eduardo. Vida del General… P. 330.

[27] Condarco, Ricardo. Contestación al alegato de D. Narciso Campero ante el Juez de Partido de Sud-Chichas en el juicio que ha establecido  contra D. Gregorio Pacheco, alegando derechos en los intereses mineralógicos de la empresa Guadalupe. Imprenta del Progreso, Sucre, marzo, 1887. P. I.

[28] Condarco, Ricardo. Contestación al alegato…  P. II.

[29] Condarco, Ricardo.  Para la historia. El General “Croupier” en campaña judicial. Tipografía de El Progreso, Sucre, marzo, 1887. P. 18.

[30] “Folleto”. El Trabajo, Nº 482 (Tja.23.Mar.1887).

[31] Críspulo Cascarrabias. “Tercería Crispuliana en la cuestión Pacheco-Campero”. La Tijera, Nº 119 (LP.14.Abr.1887).

[32] “Don Quijote en escena”. La Industria, Nº 723 (Scr.26.Mar.1887).

[33] “Don Quijote en escena”. La Industria, Nº 723 (Scr.26.Mar.1887).

[34] “Verdades claras”. La Industria, Nº 725 (Scr.2.Abr.1887).

[35] “El General Croupier”. La Industria, Nº 726 (Scr.6.Abr.1887).

[36] Condarco, Ricardo. “SS. EE. de La Industria”. (Scr. Abr.1887).

[37] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 270.

[38] “Gregorio Pacheco”. https://es.wikipedia.org/wiki/Gregorio_Pacheco, recuperado el 12 de enero de 2021.

[39] “Instituto Nacional de Psiquiatría Gregorio Pacheco”. https://sanjuandedios.com/orden/instituto-nacional-de-psiquiatria-gregorio-pacheco/ Recuperado el 12 de enero de 2021.

[40] Mendoza, Jaime. Figuras del pasado… P. 347.