Comparte








Enviar

Ramiro Duchén Condarco

El Oriente, publicación eventual salió a luz el 19 de diciembre de 1863, bajo la conducción de Alejo Barragán (1827-1874), que figura como redactor de la misma; a partir del número 34 aparece como “responsable ante la ley”, Isaac Tamayo (1844-1914). Su prospecto circuló el 4 del mismo mes. Su orientación política estaba próxima al belcismo.

En el número 34, Tamayo explicaba, en estos términos, su participación como principal responsable de la publicación de referencia:

“Con motivo de haberse trasladado de lugar con motivo de las próximas sesiones legislativas, el Sr. A. Barragán y otros señores que tan eficazmente colaboraron en el Oriente, hemos asumido, aunque transitoriamente, el difícil y penoso cargo de redactores./ Demasiado jóvenes, sin grandes ni multiplicados conocimientos, sin prestijio, sin que nuestro nombre sea apenas más alla del estrecho círculo de las relac1iones domésticas, ciertamente hacemos un verdadero sacrificio haciendo pesar sobre nosotros los compromisos del escritor público./ Solo el deseo ardiente de contribuir en algún modo, con nuestro pequeño continjente, en la difícil tarea de solución de los problemas políticos que hoi se ajitan en todos los pueblos de la Nacion, á podido determinarnos a ello, y así esperamos que el Oriente, en estos pocos días que corre á nuestro cargo, seguirá siempre mereciendo la indulgencia y la simpatía de nuestros lectores”.[1]

Inicialmente se dio a estampa en la imprenta Pueblo, administrada por Silvestre Salinas, hasta el Nº 7 de 23 de febrero de 1864, y, luego, en la Paceña “arrendada por Alejo Barragán”, a partir del número 8, de 1 de marzo de ese mismo año, hasta el último ejemplar que conocemos, el Nº 44 de 28 de octubre. Se presentaba en un formato de 39 por 28,5 cm a cuatro columnas. A partir del Nº 9, de 3 de marzo de 1864 se autodenomina como “Órgano de los intereses departamentales y nacionales”.

Pasaron por la mesa de redacción de El Oriente, entre otros personajes, José Rosendo Gutiérrez (1840-1883), Nicolás Acosta (1844-1893) y los hermanos Pinilla,[2] es decir, Sabino (1851-1909) y Macario (1855-1927). Entre los colaboradores más distinguidos de este órgano periodístico, destaca la figura de Ricardo José Bustamante (1821-1886), esclarecido poeta nacional que publicó varias piezas literarias en este periódico.

El iniciador de esta publicación, Alejo Barragán, de larga trayectoria en el diarismo nacional de la decimonónica centuria, instituyó, junto a su hermano Cirilo, La Estrella del Norte, El Oriente y El Juicio Público, entre otros órganos de predicamento nacional. Nicanor Aranzáes (1849-1927) señala: “Adicto al general Belzu, así como todos los miembros de su familia, tomó parte en la revolución de 1865, encabezada por aquel general, siendo nombrado prefecto del departamento. Fraguó el movimiento llamado Constitucional que estalló el 25 de mayo de 1865, siendo llamado nuevamente a la Prefectura, más el jefe de la revolución, Arguedas, lo desterró a la provincia de Yungas. Estuvo proscrito durante la revolución [de] Melgarejo”.[3]

Este hombre de prensa mereció de Alcides Arguedas (1879-1946) el calificativo de “periodista y orador público de pacotilla”,[4] imbuido aquél, quizá, por los prejuicios que caracterizan su particular visión de la historia boliviana.

Sin lugar a dudas, la publicación más relevante de la que participó Barragán fue El Juicio Público, dado a luz pública en La Paz, el 29 de noviembre de 1861 y desaparecido el 2 de enero de 1862, con el número 47. Fue importante porque fue la única voz que desembozadamente se manifestó y condenó abiertamente la atrocidad perpetrada por el enajenado Plácido Yañez (1813-1861) contra indefensos partidarios del general Manuel Isidoro Belzu a quienes masacró en el Loreto y cercanías la noche del 23 de octubre de 1861.

Isaac Tamayo, por su parte, fue un escritor, diplomático, sociólogo y periodista que formó parte de publicaciones como La Voz de la Juventud (1861), El Oriente (1863-1864), El Eco de La Paz (1864), El Ciudadano (1877) y La Unión (1896-1903), entre otras. Estuvo vinculado a las administraciones de Mariano Melgarejo (1864-1871) e Hilarión Daza (1876-1879), más adelante fue Prefecto (1892) y Cancelario de la Universidad de La Paz (1896-1897). “Al final de su vida y aun bajo el seudónimo de ‘Thajmara’ dejó una especie de ‘testamento’: puso en labios del difunto Melgarejo sus opiniones sobre los principales problemas del país”.[5] En agosto de 1864, Isaac Tamayo ejercía su profesión de abogado “en su bufete establecido en la casa de su residencia, calle de Concebidas — al frente de la casa del Jeneral Santa Cruz”.[6]

El Oriente presentaba, al igual que la totalidad de los periódicos de la época, varias secciones permanentes y eventuales, entre las que destacan: Editorial, Noticias estranjeras (Exterior), Trascripciones, Colaboradores, Variedades, Correspondencia, Literatura, Avisos nuevos, Avisos repetidos y Avisos (Anuncios).

En el prospecto se leen, entre otros, los siguientes conceptos:

“Es imposible cerrar los ojos al espectáculo que ofrece este pueblo, un dia altivo y opulento, devorado hoy por el hambre y la miseria pública y privada, abatido con la humillacion de tantos y tan recientes, trabajado por el desquiciamiento de los vínculos, no solo sociales y políticos, sino aun de los de la humanidad y de la naturaleza, explotado por la ajitacion de aventureros sin fe ni conciencia, estraviado por la confusión, incertidumbre y terror de los espiritus que divagan perdidos en la horfandad y desolacion  de sus hogares sin divisar ni un solo rayo de esperanza en medio de la densa noche que les envuelve”.[7]

Alejo Barragán vierte juicios como los que siguen en un artículo publicado en el número inaugural de la publicación de referencia:

“Los sucesos que han tenido lugar en Bolivia, son de un carácter singular y extraordinario. No hay espíritu por indiferente y distante del teatro boliviano que no haya sido afectado por lo que pasa en Bolivia. Aun no ha cesado en el estranjero el retumbido de nuestras catástrofes. Los ojos siguen atentos ese drama que se representa en una grieta de los Andes, drama en el que cada acto es una trajedia, y cada escena una catastrofe que parece renovar en pleno siglo diez y nueve las atrocidades del banquete de Tiestes, los furores parricidas de Medea y la cólera de Agamenon./ Los ojos no están enjugados ni el corazón consolado de aquella noche de sangre y de horror que por verguenza de Bolivia y por honor de nuestra especie quisiéramos borrar del reloj de las edades./ Esa exaltación sangrienta del 23 de Octubre posa inmóvil sobre nuestras colinas y montañas como esas nuevas cárdenas de las mañanas que anuncian un dia de tempestad: se cuelgan frente a nuestros ojos como un telón de sangre y de luto, telon que no cesa sino para hacernos asistir a nuevas catrastrofes y para volverse a alzar siempre negro, siempre sangriento como para un drama perpetuo en que lo grotesco se alterna como lo horroroso y la bacanal con la sangre”.[8]

Gobernaba, por entonces, el país, José María Achá (1861-1864), que “reaccionó —según expresión de Mesa— muy tibiamente ante las matanzas que hizo en La Paz, el prefecto, el coronel Plácido Yañez. Su gobierno convocó a elecciones en 1862, las ganó el propio Achá, pero no tuvo tranquilidad. Atribulado por la contra que tenía en el país, propuso sin éxito a [Sebastián] Ágreda [1795-1875] como su sucesor. En 1864 fue derrocado por [Mariano] Melgarejo [1818-1871] que había levantado el nombre de [Adolfo] Ballivián [1831-1874]. Perseguido, se retiró a Cochabamba, donde falleció el 29 de enero de 1868”.[9]

Aunque Mesa sostiene que el gobierno reaccionó con tibieza ante la brutalidad de la matanza perpetrada por Yañez contra un grupo de desarmados y sorprendidos belcistas, entre 50 y 70, no encontramos hechos concretos, por más tibios que fueren, orientados a sancionar la vesania asesina del extraviado militar. En la práctica, la eliminación de los seguidores de Belzu, significaba quitarse de encima a un partido que tenía muchas posibilidades de volver al gobierno, y el cuartelazo era la única vía disponible, por entonces, para tal efecto. Fue el pueblo el que reaccionó espontáneamente —y en ningún caso el gobierno— para sancionar al asesino, ya que —en los hechos— el presidente y sus ministros nada hicieron para castigar al criminal y sus cómplices.

Un dato interesante relacionado con ese oprobioso episodio de nuestra historia, es que el poeta Ricardo José Bustamante se salvó de ser ejecutado junto a los infortunados belcistas víctimas de Yañez. Veamos cómo relata el propio Bustamante el hecho:

“Durante la aciaga dominación local de Yañez se instó á éste para que reputándome por principal ajente belcista me agregue á sus victimados del Loreto: estando yo de viaje para Lima, supe en el camino que acababa de salvar de tamaño peligro á que me espuso la columnia. Al pasar por Tacna, regresando de Lima, sufrí una especie de desaire del Jeneral Belzu encontrándonos de visita en un estrado de señoras. El señor Benavente me explicó que lo ocurrido era efecto del resentimiento del indicado señor Jeneral, porque se le había persuadido de que yo era el autor de un escrito contra él y sus partidarios publicado en El Comercio de Lima”.[10]

Sobre este asunto, eventualmente, El Oriente registraba pinceladas como la transcrita líneas arriba y la que sigue:

“El Nº 5º de la ‘Discusion’ tras un largo artículo de 14 columnas cuyo objeto capital es allanar un camino de pretensiones nupciales y hacer desaparecer entre El y Ella el lago de sangre del 23 de octubre./ Al propio tiempo se propone recrudecer su dominación conciliadora, fusionista y humanitaria envenenando y perpetuando los odios Septembro Belcistas sobre cuya base se ha levantado y triunfa”.[11]

La propia Discusión, saludó, en estos términos, la aparición en la palestra de El Oriente:

“Partiendo del principio de que nunca se debe presumir la mala fé, sino la buena, creemos a sus autores animados de un sincero patriotismo. En este concepto nos creemos en el deber de saludar a El Oriente como en efecto lo saludamos con el entusiasmo que se merece todo periódico liberal que ofrece ocuparse del interés público de buena fé y con imparcialidad”.[12]

Sin embargo, seguidamente advertían:

“Después de llenar este deber de felicitar a sus Redactores por su noble propósito, nos permitiremos anunciarles que animados de igual patriotismo, nos hemos impuesto la libre y espontánea tarea de sostener con ellos la discusión de las cuestiones de interés nacional que tuvieron a bien tocar, advirtiendo, desde luego que somos gobiernistas injénuos y por pura convicción, sin abrigar pasión alguna política que pueda estraviarnos del sendero de la verdad y la justicia, que serán nuestro único norte”.[13]

Es interesante observar, cómo los editores de La Discusión, por un lado afirman que son “gobiernistas”, y por el otro, de inmediato, sostienen que no abrigan “ninguna convicción política…” o es que ¿la causa del gobierno no es política? Nos preguntamos…

Pero veamos, a continuación, cómo los editores del periódico cochabambino de referencia, explicaban, abiertamente, el papel de la prensa gobiernista:

“El deber de los escritores oficiales es defender al gobierno? / Opinamos por la afirmativa de esta cuestión y diremos por qué: / El Escritor oficial asalariado por el Gobierno toma a su cargo la prensa no para publicar sus opiniones por via de pasatiempo, sino para justificar las medidas administrativas de aquel; no para constituirse órgano de la opinión pública con vaguedades ilustratorias sino para dar razón de la política meditante del Gabinete, cuyo eco fiel debe ser. / El Escritor oficial es el abogado nato del Gobierno  en todas las cuestiones o actos gubernamentales; siendo aun la indiferencia en estos casos una falta indisimulable. La intriga periodística es elasticidad de pensamiento.— debilidad de carácter — prevaricato concienzudo — indignidad humana./ El Escritor oficial que no quema sus naves para lanzarse con denuedo en el maro proceloso de las cuestiones diarias que nos ajita la prensa y precinde de su deber, sirve a medias, —es decir:— al Gobierno por el sueldo y a la oposición por la esperanza. / Deseamos las cosas por entero. La política a medias, no está de moda”.[14]

Luego de la transcripción, los redactores de El Oriente, respondían de esta manera:

“Los escritores de La Discusión, parodiando a Danton, con mucha gracia dicen: —‘que nuestro nombre sea maldito con tal de que se salve la Patria’. Lo primero, ya lo han conseguido. Lo segundo, está en problema”.[15]

Las polémicas y abiertas peleas entre periódicos de aquella época, eran comunes. El lenguaje se tornaba agresivo, y muchas veces inclusive hiriente y por lo mismo, indigno de la prensa.

Por aquellos años se declaró una pugna entre El Oriente y La Crónica Municipal de Cochabamba y El Telégrafo de La Paz (que comenzó a circular en 1858), estos últimos, de marcado tinte gobiernista.

En una de sus ediciones, El Oriente, comentó un artículo de la Crónica Municipal de Cochabamba que interpelaba a El Imparcial de La Paz por asuntos de carácter estrictamente regionalista, o mejor dicho aún, por envidia al  comparar el desarrollo del solar propio con el del vecino.

“Con este título [“Una verdad en su punto”] registra La Crónica Municipal de Cochabamba un dilatado ataque al ‘Imparcial’ de La Paz que tuvo la simplicidad de estrañar y preguntar porque se hacía en Cochabamba una ostentación de tantos progresos y glorias, de tanta obra pública y de tanto movimiento industrial, mientras en La Paz, en la rica y opulenta Paz, solo se advertía una lamentable parálisis, no solo en toda clase de obras públicas, sino también aun en la reparación de lo mas importante e indispensable; una sistemática insolvencia de empleados y pensionistas que agravaba mas la miseria pública acreciendo el lucro de los ajiotistas, etc., etc. […] Gracias señor corresponsal de la Crónica de Cochabamba . En querer levantar las provincias contra la Paz, habéis seguido la táctica de la Rusia, y es el modo como la autocracia moscovita esclavizó la Polonia. Pero también habéis enseñado sus derechos a esas provincias. Les habéis recordado que son inicuamente esplotados. A nosotros, los hijos de la Paz, a nuestra vez, nos toca hacerles conocer quienes son esos esplotadores y quienes sus opresores, y por quienes no hay para ellas ni instrucción ni caminos y solo retroceso y miseria”.[16]

Una gran parte de los periódicos del siglo XIX publicados en Bolivia, era financiada por los gobiernos de turno. A estos medios impresos se los conocía bajo el genérico nombre de prensa ministerial o gobiernista.

El Oriente, que no formaba parte de aquel “selecto” grupo, en nota editorial, se defendía de los ataques sufridos por parte de la prensa ministerial. Veamos:

“La prensa del poder enseñoreándose por largo y funesto periodo sobre la verdad, la historia y la notoriedad de los hechos, ha tocado hoy campana de alarma, al oir resonar un lijero eco del espíritu popular. Gran sacudimiento ha causado en la turba parásita un leve destello de entusiasmo reparador. Enorme crimen es hasta las largas prerrogativas de la fuerza compresora turbar con algunos acentos de ingenuidad, esa monótona armonía de los cementerios, en que solo debe escucharse por veces la algazara de congratulaciones al vencedor del débil./ La prensa ministerial, tomando sus fuerzas en la misma fuente del poder recorre las últimas escalas en propaganda contra ‘El Oriente’. Látigo en mano, los primeros resortes del Gobierno retan a los gaceteros a formar coro de denuestos y calumnias contra el periodismo liberal, que solo y sin mas éjida que la verdad actual y la verdad histórica, se coloca al frente de los que tanto terror inspiran a títulos los mas remarcables. […] Diremos pues, de una vez para todas, que el Oriente no se propone producir este o el otro jénero de impresión calculada. Enuncia verdades, evoca hechos cuyo recuerdo debe estar siempre palpitante en la mente del pueblo para que Dios le libre de funestas reincidencias en las mismas decepciones en los mismos horrores y crímenes a cuya saga viene la atroz y especuladora frialdad de la Diplomacia trayendo por todo consuelo y remedio olvidar el pasado, cuando ese pasado es tan próximo, tan desgarrador, cuando las huellas de la devastación y de la sangre espantan aun al pasajero, y cuando la jeneral calamidad solo provoca el llanto, la desesperación”.[17]

En otro artículo transcrito de la Discusión, sus autores decían lo siguiente:

“¿Es deber de los escritores oficiales defender al gobierno? Opinamos por la afirmativa de esta cuestión y diremos por qué: — El escritor oficial asalariado por el Gobierno toma a su cargo la prensa no para publicar sus opiniones por via de pasatiempo, sino para justificar las medidas administrativas de aquel; no para constituirse órgano de la opinión pública con vaguedades ilustratorias; sino para dar razón de la política militante del Gabinete, cuyo eco fiel debe ser./ El escritor oficial es el abogado nato del gobierno en todas las cuestiones o actos gubernamentales, siendo aun la indiferencia en estos casos, una falta indisimulable. La intriga periodística es elasticidad de pensamiento, —debilidad de carácter—prevaricato concienzudo, —indignidad humana./ El escritor oficial que no quema sus naves para lanzarse con denuedo en el mar proceloso de las cuestiones diarias que ajita la prensa y precinde de su deber, sirve a medias, —es decir al Gobierno por el sueldo y a la oposición por la esperanza./ Deseamos las cosas por entero: la política a medias no está de moda”.[18]

Un tema recurrente en las columnas de El Oriente, es, precisamente, la polémica con la Discusión, gaceta de carácter eventual cuyo número inaugural vio la luz en Cochabamba, el 12 de enero de 1864 y el último conocido —el número 7—, data de 27 de marzo de ese mismo año,[19] es decir, tuvo efímera vida, surgida, quizá, únicamente, al calor de la contienda política. En esa línea de confrontación, encontramos, en las columnas de El Oriente, un artículo suscrito por Isaac Tamayo, quien, entre cosas afirmaba:

“Con asombro hemos leído el número 4 de la ‘Discucion’ en que los escritores ministeriales tratan de torcer los conceptos del ‘Oriente’, y haciendo una interpretación falsa de sus pensamientos, quieren alucinar al público con ese mal dicimulado terror que se entreveé en sus escritos por la soñada idea de la separación de la Paz./ No lo habéis comprendido, señores de la ‘Discucion’? — No tal: bien lo comprendeis. Conoceis que tenemos justicia al pedir el pan que se nos arranca de los labios; conoceis que vosotros sois demaciado débiles para luchar contra la justicia que nos asiste y contra la razon que tanto preconizais, y que sin embargo, renegais de ella. Comprendeis que Bolivia, que el mundo todo se escandaliza, porque haceis perecer de angustia y dolor, de miseria y escasez al mejor, al primer pueblo de Bolivia, que a vuestro despecho se alzará siempre, tan jigante como Dios lo ha hecho, tan glorioso como siempre el mundo lo ha contemplado; por eso, desviándonos de la cuestion, tratais, lo repetimos, de imputarnos crímenes para alucinar al público, y triunfar sobre nuestras facciones, orijinadas por la discordia que soplais entre nosotros”.[20]

Las pugnas de El Oriente con La Discusión solo cesaron con la desaparición de ésta que aquél celebraba así:

“Aquí tuvimos un ser viviente de sexo femenino, que nació con sarna maligna y otros achaques raros. Los autores de sus días lo sacaron a luz contra El Oriente, cuyos rayos hirieron sus pupilas, y de aquí también le provino ceguera. La malaventurada criatura acaba de morir. Su agonía fue lastimosamente prolongada, como lo saben ustedes por los repetidos anuncios de su fin […] El 11 del corriente, en el acto de las exequias hubo oración fúnebre pronunciada por un Frai Manongo Josep de Misrandaja. Hoi hemos visto en la lápida sepulcral el epitafio siguiente — Yace aquí la señora DISCUSION.— / A quien poco galán aunque valiente/ el picaruelo ORIENTE/ hizo lanzar rugidos de león.—/ Colérica, achacosa y de buen diente,/ ELLA ha muerto por grave indijestion!!”.[21]

El autor de la nota parcialmente transcrita, se adelantó, porque el periódico cochabambino sobrevivió algunas horas al certificado de defunción que le extendió un oficioso y anónimo corresponsal de El Oriente en la capital del valle:

“Por correo anterior avisamos a ustedes SS. RR. del ‘Oriente’ que la Sra. DISCUSION era ya difunta y sin comprobante de suceso tan luctuoso mandamos copia de su epitafio. Ahora (bajo el Nº 7) se ha dado á luz su testamento, eco de ultratumba tan sentimental y patético que abre de nuevo la fuente de las lágrimas—Se asegura que algunos galanes de la finada, y no falta entre ellos un paceño, piden a Júpiter el sacrificio del travieso antagonista que tan amargas horas de vida dio a la dama en cuestion: esten pues prevenidos ahi del holocausto pedido por si llega a fulminarse el golpe; en cuyo caso concurriremos á consolar á ustedes con un buen continjente de gimoteos, ofreciendoles ya desde ahora un epitafio ad hoc:/ De la vida han privado derepente/ con un golpe de mano recio y rudo/ al indefenso ORIENTE,/ que creyendo en la carta hallar escudo/ combatió las tinieblas, elocuente:—/ Mas resistir no pudo/ A las furias y al pueblo aquí doliente/ a su Heraldo, por hoi contempla mucho”.[22]

Sin embargo, las polémicas y pugnas continuaron en las columnas de El Oriente, ya sea con La Esperanza, El Telégrafo u otras publicaciones de tinte gobiernista. Solo, a guisa de ejemplo, transcribimos fragmentariamente otra respuesta, pero esta vez dirigida a El Telégrafo:

“‘El Telégrafo’ dice que para insultar es preciso ser puro y no tener ni infamia ni mancha (suponemos que habla de si). Precisamente para insultar es preciso ser ó beodo ó villano habitual — Los que nada pierden con insultos, ni por activa ni por pasiva, son esos seres precitos, infames que tienen el privilegio de ser detestados y despreciados por el pueblo en que viven. Es un privilegio que en las sociedades corrompidas y dejeneradas suele ser una industria lucrativa como cualquier otra. En otras partes, el oficio de insultar, de calumniar, de hacer perseguir por paga, es reputado como el más infama de este mundo. Los Gobiernos que no se respetan o no tienen idea de su dignidad, ni aun de sus conveniencias, se valen se esos seres para sellar con el escarnio de la ignominia la dureza brutal de su opresion./ Por fortuna de ellos el pueblo suda sueldos para premiarlos, y rifles para apoyarlos”.[23]

Las pugnas políticas en nuestro país, tradicionalmente han enfrentado bandos irreconciliables, cada uno impulsado por su respectivo caudillo, y muchas veces desembocaron en trágicos sucesos, como las tristemente célebres matanzas de Yañez a las que aludimos en párrafo anterior y otros tantos hechos luctuosos que registra nuestra agitada historia patria.

El director de la publicación que reseñamos, Alejo Barragán, de conocida tendencia belcista, en una ocasión, desde las columnas de El Oriente, denunció una conspiración que ponía en riesgo no sólo la estabilidad del periódico, sino también la elección del propio Barragán como diputado. Veamos:

“Se nos ha dirijido el siguiente anónimo: ‘No ignora usted que se halla entre las garras de pérfidos, alevosos y sangrientos enemigos, ni los medios infames de que se valen para perderlo. Se está tendiendo una red espantosa en la que se organiza la farza de una revolucion cuyo programa es de saqueos y degüellos para perder a U. en una catastrofe espantosa, con lo cual lograrán no sólo la muerte de El Oriente, sino el que su Escritor no sea nombrado diputado y aun talvez la supresión del Congreso. […] Guardese U. de tan terribles asechanzas por todos los medios posibles. Se lo aconseja un amigo que otro día dará a U. mas detalles”.[24] En estas líneas apreciamos una parte del texto del anónimo recibido por Barragán.

Seguidamente el periodista comenta, entre otros, los aspectos que transcribimos a continuación:

“En cualquiera otra ocasion habría despreciado este anónimo, pero él coincide con circunstancias bien estrañas. Hoy en toda la poblacion se rumorea que se nos prende de un momento a otro, etc., etc. / Avisos y prevenciones y augurios misteriosos de amigos y no amigos, y mas que todo la insistencia y tono de terrorismo que han asumido en estos últimos días la prensa oficial y la estipendiada, son un signo inequívoco y ominoso de la negra trama que está en infusión. Sobre esto me han venido cartas en el correo en que finjiendo letras y firmas de mis amigos del interior, se habla de trabajos comprometidos y otras invenciones que pueden servir de proceso contra mi persona, o q’ provoquen contestaciones de  mi parte que me hagan aparecer como conspirador”.[25]

En esa misma línea, es decir, en la de los entretelones de la pugna por el asalto a la presidencia, eran frecuentes los encarcelamientos, persecuciones, destierros, confinamientos, expatriaciones e inclusive asesinatos de aquellos personajes que tomaban parte activa en la política nacional. Quienes detentaban temporalmente el gobierno nacional, casi podríamos decir que por norma, perseguían con saña a sus adversarios y enemigos forjados en la despiadada lucha por el poder, para permanecer el mayor tiempo posible en la silla presidencial.

Es lo que ocurría, por ejemplo, con el general Manuel Isidoro Belzu, que dejó la presidencia en 1855 y desde entonces, emprendió largo viaje por Europa y otros lugares del mundo, pero retornó al país, con la intención de retomar la presidencia, y aprovechar, en beneficio del país, la experiencia y conocimiento acumulados en esos largos años de travesía por distintas latitudes del orbe. En ese afán solamente encontró la muerte.

En 1864, Belzu intentaba retornar al país, y el solo anuncio de su inminente presencia despertaba temor y sospechas de conspiración entre los partidarios de Achá y de otros enemigos políticos que cosechó en el ejercicio de su administración gubernamental y en su actividad político-partidaria desarrollada previamente.

En ese sentido, la prensa peruana, por ejemplo, desmentía tales rumores:

“Si el jeneral Belzu, escuchando el clamor de sus conciudadanos hubiese querido conspirar contra la Administración Achá, hace mucho tiempo que ella no existiera; ni el representante de Bolivia en Lima hubiese podido pillar su troncha./ Conocemos a nuestros hombres, y podemos asegurar sin temor a equivocarnos que todo lo que el representante de Bolivia en Lima ha podido presentar la buena fé del Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, ha sido supuesto y falso”.[26]

Belzu, por su parte, en su Protesta, datada en Arica el 1 de diciembre de 1863, decía al respecto:

“Obligado por una orden perentoria del Gobierno a salir de este país [Perú], a cuyos habitantes siempre he debido honrosas consideraciones que me congratulo en corresponder con todo el corazón; y como es posible que se manifiesten diferentes opiniones aquí y en Bolivia sobre mi marcha y que algunas no sean exactas he creido conveniente dar publicidad a la siguiente PROTESTA. Una inmensa mayoría de mis conciudadanos que me creen necesario para restablecer la paz y la concordia entre ellos y para consolidar un gobierno que ofrezca garantías á todos los partidos, ha solicitado hace mucho tiempo, mi vuelta a la patria; y aunque no tengo de mi la misma opinión, desde que se asegura que está en mi mano contribuir á la reunión de todos los Bolivianos y salvar sus intereses más vitales y á calmas las pasiones ecsaltadas por sucesos desastrosos que se repiten con frecuencia en aquel país no he debido presenciar indiferente la consumación de la rutina de la patria en que nací, ni desatender las obligaciones que le debo; porque la ruina de mi país y su deshonor, aunque sea momentáneo son las únicas cosas á las cuales he jurado no sobre-vivir. Excsitado por estas causas mi patriotismo lo he contenido dentro de los justos límites que me oponía la jenerosa hospitalidad del Perú y he vivido en la simple expectativa sin ningún preparativo hostil contra el gobierno de Bolivia y siguiendo en todo las intensiones más rectas probadas con mi conducta prescindente y circunspecta. Yo no he tomado parte alguna en las cuestiones políticas que han animado y ajitado a mis compatriotas por consecuencia de las revueltas que se han suscitado unas y otras durante mi permanencia en el Perú; asi es que cuando [sic] hayan informado al Gobierno de esta República contra mi, es falzo y atrozmente calumnioso”.[27]

En referencia a otros temas, El Oriente saludaba la aparición del primer periódico en Santa Cruz: La Estrella del Oriente:

“En Santa Cruz ha nacido el primer periódico con el aucilio de una parte de la imprenta de vapor cortésmente trasportada de La Paz./ Felicitaciones a este periódico, tanto por las ideas de descentralización que profesa cuanto porque lo comparamos a un nuevo Prometeo que robó una chispa del fuego de los cielos para difundirla entre los mortales./ Solamente no le deseamos la suerte de aquel benefactor de la humanidad que fue encadenado y amarrado a una roca”.[28]

La Estrella del Oriente, en su ejemplar Nº 5, a través del periodista Carlos Melquiades Barberi, respondía una publicación de El Oriente en estos términos:

“En este periódico [El Oriente] publicado en La Paz con fecha 4 de Febrero corriente se rejistra el artículo ‘¿Quién no sabe lo que son i lo que valen los Congresos?’./ Una observación atenta i justa que carece de hostilidad ¿será la causa de una polémica descomedida? No lo esperemos del civismo de un decente escritor./ Refiriéndose a la Asamblea Extraordinaria de 1863 proximo pasado dirije á esta i al Ministro, sin duda, de negocios exteriores, la mas injusta i depresiva recriminación./ ¿Cuáles fueron los proyectos de lei que sometió el Ministro i que la Asamblea acogió tan ‘débil i dócilmente’? En la cuestión Mejillones a que parece aludirse, podemos asegurar al ‘Oriente’ que usa de reprensible inexactitud; porque S. G. el Ministro de negocios extranjeros no formuló proyecto de lei que se hubiese sujetado a debate parlamentario, no; lo aseguramos con el vivo recuerdo de las sesiones lejislativas á que tuvimos la honra de concurrir como Diputado./ La comisión del ramo compuesta por los HH. SS. Ondarza, Zilveti, Carillo i otros, presentó el proyecto que puesto a discucion dio por resultado la Lei de ‘Autorizacion para declarar la Guerra i la que correspondia al detal de las autorizaciones necesarias para llevar á su fin el éxito bélico” […] El Gobierno no fue pretencioso, el Ministerio Bustillo que tantos i tan merecidos aplausos recibió, fue mui circunspecto y la Soberana Asamblea extraordinaria concervó su independiencia incólume, dedicando con toda abnegación su trabajo en obsequio del interés público i de la dignidad nacional”.[29]

Para salir de la rutina del acontecer político, se presentaban, también, escritos poéticos de carácter burlesco como el que sigue:

“Recuerdo que el Charenton

Célebre hospicio de locos

En París, mui visitado

P cuerdos y por curiosos,

Un gracioso personaje

Mi atención llamó entre otros;

Quien de Apéles pretendiendo

Ser discípulo famoso

En su cuarto custodiaba,

Oculto tras lienzo tosco,

De gran dimensión un cuadro

Que anunciaba siempre á todos

Como pintura acabada

De cierto pasaje histórico

Y es nada menos, decía

Que aquel paso del Mar Rojo

Por los hebreos. Miradlo

No hai asunto mas pasmoso.

 

Corrida la tosca manta

No quedaba ante los ojos

Más objeto que una tela

Limpia y blanca… ¡Para bobos!

Esclamaba el visitante

Nada hai aquí…— ¡Nada! ¡Cómo!

Si, es que el mar se ha retirado.—

¿Y los hebreos? — Bien pronto

Pasaron, pues van que vuelan.—

¿Y los persas? — Vendrán solo

Algunas horas mas tarde:

Que asi el caso es bien notorio.

 

A muchos ministros maulas

(En países, de aquí remotos,

Pues no brota, ya lo vemos,

Mala yerba entre nosotros.)

 

Que al dar cuenta de sus actos

En sus memorias en folio,

La echan de altos estadistas

Cerca de ellos siendo un pollo

El mismo Colbért y explican

Concepciones que el asombro

Deben producir tan luego

De ser vistas por forro;

En fin que al pueblo prometen

Cuadros de dicha, hiperbólicos

Cuando todo existe en blanco

Tapado por lienzos rotos

Que bien traslucir nos dejan

A lo que pinta el negocio,—

Digo verdad,— los encuentro

Ni mas ni menos chistosos

Ni mas ni menos farsantes

Ni (por último) mas lójicos

Que aquel tan insigne Apeles

De la gran casa de locos.—”[30]

Este juguete literario, transcrito en su integridad, está suscrito por Braulio, pero los editores de El Oriente especifican que “nuestro amigo, el Sr. R. Bustamante nos autoriza para publicar los siguientes versos de que es autor: si él los califica de juguete literario, pensamos que su lectura será tan amena para nuestros suscritores como lo ha sido para nosotros”.[31]

Los responsables de El Oriente, al analizar la prensa que circulaba en el país por entonces, vertían los siguientes criterios:

“Los periódicos del interior, entre los que no se encuentra uno solo sin oficio, se ocupa de contestar a la protesta del jeneral Belzu y hacen recuerdos de este y del Dr. Linares, de modo que todo ceda en honor y gloria de un tercero, esto es, del imperante actual./ Los de Cochabamba, se ocupan con extensión, éxtasis y arrobamiento sublime de la introducción de carruages en Cochabamba: describen escenas solo comparables a los primeros episodios de la conquista. Y al Yanque Havilan despertó a los pies de Tunari los mismos sentimientos y manifestaciones que Hernán Cortéz y sus compañeros en el alma dulce y melancólica de Monte-zuna./ Se nos promete que Haviland irradiará acia nosotros su sistema. La Paz ha visto ya carruages y en la actualidad posee uno que va mas lejos que de Cochabamba a Quillacollo — va del Loreto a la Eternidad. Ha conducido también un presidente y ha vuelto por sus asesinos”.[32]

La última frase es una clara alusión a Jorge Córdoba, asesinado cruelmente la noche del 23 de octubre en el Loreto y Manuel Isidoro Belzu, el caudillo de las masas que por esos días retornó de su largo peregrinaje por Europa y otros rincones del orbe.

Ricardo Bustamante dedicó unos sentidos versos a la escritora argentina, Juana Manuela Gorriti (1818-1892), publicados por El Oriente, y fechados el 20 de mayo de 1864, los mismos que a la letra dicen:

“Bienvenida tú seas a estos lares,

Musa Arjentina de inspirado acento!

De maternal amor el sentimiento

Te hace dejar del Rimac los hogares.

 

Allí incienso has quemado en los altares

Del Jenio de las Letras, cuyo aliento

Te consoló en la vida; y el talento

Fue bálsamo eficaz a tus pesares.—

 

Qué tu pecho aquí goce de ventura!

Qué tu mente se inspire en la bonanza!

Qué aquí te brinde la existencia halago!

 

El alma que ha probado la amargura

De la vida, señora, al fin alcanza

A libar en su copa, un dulce trago”.[33]

 

Esta ilustre escritora argentina, quien fuera esposa del general Belzu, descolló, con luz propia y sobrados méritos, en las letras hispanoamericanas. Estuvo en Bolivia por esos días y, en 1865 fue quien recogió el cadáver de Belzu, luego del confuso incidente que terminó con su asesinato y del que fueron actores directos, Mariano Melgarejo (1818-1871), Narciso Campero (1813-1896) y algunos soldados.

Después de los trágicos sucesos, Gorriti expresaba estos conceptos:

“El 27 de marzo de 1865, dos días después de la fecha de la carta de Ud., Belzú, mi marido, el hombre que enlutó mi destino entero, vencedor de un combate en el que el pueblo derrotó al ejército, fue asesinado por el general que mandaba este. Vinieron a decirme que Belzú había caído atravesadas las sienes de un balazo, y yo corrí en medio del combate; llegué hasta donde yacía el desventurado ya cadáver, lo levanté en mis brazos y en ellos lo llevé a casa: a ese hogar que él había abandonado tanto tiempo hacía! Con mis manos lavé su ensangrentado cuerpo, y acostándolo en su lecho mortuorio, lo velé y no me aparté de él hasta que lo coloqué en la tumba. La misión de la esposa parecía ya acabada; mas he aquí el pueblo que me rodea y me pide más: me pide que lo vengue. Sí: lo vengaré con una noble y bella venganza, haciendo triunfar la causa del pueblo que era la suya. Juana Manuela Gorriti de Belzu”.[34]

El Oriente, en su edición Nº 44 publicó una carta rubricada por J. S., quien preguntaba si el periódico continuaría publicándose o ya había desaparecido. La respuesta que entonces dio el redactor principal, Isaac Tamayo, decía:

“Principiaré por asegurar á U. que el ‘Oriente’ vive todavía, y vivirá mientras la situación del país exija un sacrificio más de nuestra parte./ Si por mas de 20 días hemos privado al público de la lectura de nuestros escritos, ha sido por haber tenido que ausentarse de esta población el Redactor del Oriente, y más que todo, porque la situacion era tan estraña y poco definida que no quisimos aventurar conceptos, que mui bien pudiera haber sido erróneos por la falta y carencia absoluta de datos”.[35]

Pese a las protestas de Tamayo, El Oriente sacó un número más, por lo que desapareció luego de publicar el Nº 45, el 8 de noviembre de ese año de 1864.

Fuentes consultadas

Acosta, Nicolás. Apuntes para la bibliografía periodística de La Paz. Imprenta de la Unión Americana de César Sevilla, La Paz, 1876.

Aranzaes, Nicanor. Diccionario histórico del departamento de La Paz. Casa editora Talleres Gráfico La Prensa, La Paz, 1918.

“Avisos nuevos”. El Oriente, Año 1, Nº 35 (LP.15.Ago.1864): 4.

Barnadas, José. “Isaac Tamayo”. En Barnadas, José (Dir.). Diccionario histórico de Bolivia. Grupo de Estudios Históricos, Sucre, 2002. T. II.

Barragán, Alejo. “Al pueblo y a la prensa de La Paz”. El Oriente, Año 1, Nº 1 (L.19.Dic.1863): 3.

Barragán, Alejo. “Satánica conspiración contra redactor de El Oriente”. El Oriente, Nº 24 (LP.30.May.1864): 1.

Belzu, M. I. “Protesta”. El Oriente, Año 1, Nº 4 (LP.22.Ene.1864): 3.

Braulio (seudónimo de R. Bustamante). “Memorias ministeriales”. El Oriente, Año 1, Nº 7 (LP.23.Feb.1864): 3.

Bustamante, R. “A la señora Juana Manuela Gorriti”. El Oriente, Año 1, Nº 22 (LP.22.May.1864): 2.

Bustamante, Ricardo J. “Señores editores del Oriente”. El Oriente, Nº 24 (LP.30.May.1864): 3.

“Diatriba telegráfica”. El Oriente, Nº 17 (LP.27.Abr.1864): 1.

“Defuncion. De Cochabamba escriben”. El Oriente, Nº 13 (LP.1.Abr.1864): 2.

“El jeneral Belzu y su alejamiento”. El Oriente, Transcripción de La América de Tacna, Año 1, Nº 2 (LP.3.Ene.1864): 3.

“Espíritu de la prensa”. El Oriente, Año 1, Nº 7 (LP.23.Feb.1864): 3.

“Juana Manuela Gorriti”. https://es.wikipedia.org/wiki/Juana_Manuela_Gorriti consultado el 1 de noviembre de 2021.

“La Estrella del Oriente”. El Oriente, Año 1, Nº 9 (LP.3.Mar.1864): 1.

“La política a medias no está de moda”. El Oriente, Transcripción de la Discusión, Año 1, Nº 5 (LP.4.Feb.1864): 3.

“La prensa ministerial”. El Oriente, Año 1, Nº 5 (LP.4.Feb.1864): 1.

“Media pelea ganada”. El Oriente, Nº 5 (LP.4.Feb.1864).

Mesa, José de, Gisbert, Teresa y Mesa Gisbert, Carlos. Historia de Bolivia. Editorial Gisbert, La Paz, 1991.

Moreno, Gabriel René. Bibliografía general de los periódicos de Bolivia. 1825-1905. Santiago de Chile, Sociedad Imprenta y Litografía Universo, 1908.

N. N. “SS. EE. del Oriente. De Cochabamba escriben”. El Oriente, Nº 14 (LP.8.Abr.1864).

“Pilatos se lava las manos”. El Oriente, Año 1, Nº 7 (LP.23.Feb.1864): 3.

“Prospecto”. El Oriente, Año 1, Nº 1 (LP. 19.Dic.1863): 1.

Tamayo, Isaac. “El Oriente y La Discusion”. El Oriente, Nº 9 (LP.3.Mar.1864).

Tamayo, I. “El Oriente”. El Oriente, Nº 34 (LP.7.Ago.1864): 1.

“Una verdad en su punto”. El Oriente,  Año 1, Nº 4 (LP.22.Ene.1864): 1.

“Salutación” a nuestro periódico El Oriente”. El Oriente, Nº 4 (LP.22.Ene.1864). Transcripción de La Discusión de Cochabamba.

 

Colección de El Oriente Nºs 1-45.

Colección de La Estrella del Oriente, Nºs 1-25 Edición de homenaje a los 150 años de su nacimiento.

 

NOTAS

[1] Tamayo, I. “El Oriente”. El Oriente, Nº 34 (LP.7.Ago.1864): 1.

[2] Acosta, Nicolás. Apuntes para la bibliografía periodística de La Paz. Imprenta de la Unión Americana de César Sevilla, La Paz, 1876. P. 93.

[3] Aranzaes, Nicanor. Diccionario histórico del departamento de La Paz. Casa editora Talleres Gráfico La Prensa, La Paz, 1918. P. 110.

[4] Arguedas, Alcides. Los Caudillo Bárbaros, citado por Quintana Condarco Raúl y Duchén Condarco, Ramiro. Pasión por la palabra, Producciones Cima, La Paz, 1992. P. 95.

[5] Barnadas, José. “Isaac Tamayo”. En Barnadas, José (Dir.). Diccionario histórico de Bolivia. Grupo de Estudios Históricos, Sucre, 2002. T. II. P. 969.

[6] “Avisos nuevos”. El Oriente, Año 1, Nº 35 (LP.15.Ago.1864): 4.

[7] “Prospecto”. El Oriente, Año 1, Nº 1 (LP. 19.Dic.1863): 1.

[8] Barragan, Alejo. “Al pueblo y a la prensa de La Paz”. El Oriente, Año 1, Nº 1 (LP.19.Dic.1863): 3.

[9] Mesa, José de, Gisbert, Teresa y Mesa Gisbert, Carlos. Historia de Bolivia. Editorial Gisbert, La Paz, 1991. P. 386.

[10] Bustamante, Ricardo J. “Señores editores del Oriente”. El Oriente, Nº 24 (LP.30.May.1864): 3.

[11] “Pilatos se lava las manos”. El Oriente, Año 1, Nº 7 (LP.23.Feb.1864): 3.

[12] “Salutación” a nuestro periódico El Oriente”. El Oriente, Nº 4 (LP.22.Ene.1864). Transcripción de La Discusión de Cochabamba.

[13] “Salutación” a nuestro periódico El Oriente”. El Oriente, Nº 4 (LP.22.Ene.1864). Transcripción de La Discusión de Cochabamba.

[14] “La política a medias no está de moda”. El Oriente, Nº 5 (LP.4.Feb.1864). Transcripción del Nº 2 de la Discusión de Cochabamba.

[15] “Media pelea ganada”. El Oriente, Nº 5 (LP.4.Feb.1864).

[16] “Una verdad en su punto”. El Oriente,  Año 1, Nº 4 (LP.22.Ene.1864): 1.

[17] “La prensa ministerial”. El Oriente, Año 1, Nº 5 (LP.4.Feb.1864): 1.

[18] “La política a medias no está de moda”. El Oriente, Transcripción de la Discusión, Año 1, Nº 5 (LP.4.Feb.1864): 3.

[19] G. René Moreno. Bibliografía general de los periódicos de Bolivia. 1825-1905. Santiago de Chile, Sociedad Imprenta y Litografía Universo, 1908. P. 111.

[20] Tamayo, Isaac. “El Oriente y La Discusion”. El Oriente, Nº 9 (LP.3.Mar.1864).

[21] “Defuncion. De Cochabamba escriben”. El Oriente, Nº 13 (LP.1.Abr.1864): 2.

[22] N. N. “SS. EE. del Oriente. De Cochabamba escriben”. El Oriente, Nº 14 (LP.8.Abr.1864).

[23] “Diatriba telegráfica”. El Oriente, Nº 17 (LP.27.Abr.1864): 1.

[24] Barragán, Alejo. “Satánica conspiración contra  redactor de El Oriente”. El Oriente, Nº 24 (LP.30.May.1864): 1.

[25] Barragán, Alejo. “Satánica conspiracion contra el redactor del Oriente”. El Oriente, Nº 24 (LP.30.May.1864): 1.

[26] “El jeneral Belzu y su alejamiento”. El Oriente, Transcripción de La América de Tacna, Año 1, Nº 2 (LP.3.Ene.1864): 3.

[27] M. I. Belzu. “Protesta”. El Oriente, Año 1, Nº 4 (LP.22.Ene.1864): 3.

[28] “La Estrella del Oriente”. El Oriente, Año 1, Nº 9 (LP.3.Mar.1864): 1.

[29] Barberi, Carlos Melquiades. “Al ‘Oriente’ del Norte”. La Estrella del Oriente, Año 1, Nº 5 (SC.4.Mar.1864): 2.

[30] Braulio (seudónimo de R. Bustamante). “Memorias ministeriales”. El Oriente, Año 1, Nº 7 (LP.23.Feb.1864): 3.

[31] El Oriente, Año 1, Nº 7 (LP.23.Feb.1864): 3

[32] “Espíritu de la prensa”. El Oriente, Año 1, Nº 7 (LP.23.Feb.1864): 3.

[33] R. Bustamante. “A la señora Juana Manuela Gorriti”. El Oriente, Año 1, Nº 22 (LP.22.May.1864): 2.

[34] “Juana Manuela Gorriti”. https://es.wikipedia.org/wiki/Juana_Manuela_Gorriti consultado el 1 de noviembre de 2021.

[35] “Correspondencia de la Redacción”. El Oriente, Nº 44 (LP.28.Oct.1864): 1.