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Ramiro Duchén Condarco

Santa Cruz de la Sierra, julio de 2019

Nació en Oruro el 3 de julio de 1917 y murió en La Paz el 14 de octubre de 1985. Cursó estudios secundarios, en el Liceo Dalence de la ciudad de Oruro, entre 1931 y 1936.

Profesora titulada en la Escuela Nacional de Maestros (Normal de Sucre) en 1943. El 19 de diciembre de 1944 recibió el diploma de “Maestra normal de educación primaria” otorgado, en ese entonces, por el Consejo Nacional de Educación.

Desde su adolescencia se hizo notoria su vocación por el cuidado y la enseñanza de los niños. En esa línea, por cuatro años discontinuos estuvo vinculada, en su tierra natal, como educadora, con el Jardín de niños Rodolfo Soria Galvarro (1937-1938 y 1940-1941); y también con las escuelas  Ildefonso Murguía y Donato Vásquez (1939); luego de titularse en la Normal de Sucre, prestó servicios en la Escuela María Quiroz por largos años: 1944-1951 poco más o menos; más adelante, en Cochabamba, continuó su carrera docente en la Escuela Manuel Taborga en 1952 y Escuela Ustaris 1955. Ya en La Paz, fue cofundadora y maestra del colegio Saint Andrew’s donde permaneció hasta el nacimiento de su hijo. Retornó al magisterio en la década de 1970, a la Escuela Emeterio Villamil de Rada que la cobijó hasta alcanzar su jubilación.

Es autora, junto a su hermana Laura de un conjunto de libros para el aprendizaje de las primeras letras, que abarca desde Alborada lectura, Alborada escritura, Manantial (2do curso), Nieve (3er curso) hasta Nuestra Meta (4to año). Estos textos marcaron el rumbo de la instrucción básica en el país por varias décadas. Fue el año de 1953 cuando apareció por primera vez Alborada.

Albertina postulaba, al igual que Laura, que la enseñanza primaria debía iniciarse en niños con 7 años cumplidos, edad en la que alcanza su madurez para asimilar adecuadamente los conocimientos.

El 20 de diciembre de 1958 contrajo matrimonio con Luis Duchén Márquez. Fruto de esa alianza nació Ramiro Edwin Duchén Condarco (1960).

Mujer noble de gran sensibilidad, pero también emprendedora, dejó profunda huella en los niños que enseñó a leer y escribir que hasta hoy la recuerdan con inmenso cariño y gratitud.

Su carisma y delicado carácter la hicieron muy querida no sólo en el ámbito familiar, sino también en el laboral. Quienes compartieron con ella, la recuerdan con mucho cariño, como un ser de excepcionales dones espirituales, amigable, leal, honesta, solidaria…

Compartió con Laura el peso de la responsabilidad familiar. Fueron, hasta la muerte, el núcleo de la familia Condarco Morales.

Tras la partida de Albertina, la consagrada periodista y escritora Elsa Dorado de Revilla, dedicó a su memoria el siguiente homenaje poético:

A Albertina Condarco Morales

En una tarde de octubre,

agobiada de soles,

se trizó el cristal

de prístina pureza.

Cual flor que se mustia

abatida en su tallo,

se desgajó tu vida,

amiga inolvidable.

Calló tu verbo dulce

fecundo en la tarea

de hacer del silabario

mensajero de luz.

Tenías la dulzura, el raro sortilegio

de esa Madre. Maestra, amiga de los niños,

la sublime Gabriela, la del decir rotundo

señora de los valles umbrosos

de Elqui.

Las aulas te prestaron

su provisión fecunda,

de verdades eternas,

de humanismo ejemplar.

En tu corazón, regazo majestuoso

de raso y de nácar, de pétalo y plumón,

anidaron los niños, los árboles,

la flor.

¿Qué grupos de querubes,

qué rondas siderales,

preside hoy tu espíritu,

en entrega total?

Las rosas de tus huertos

han llorado tu muerte…

han vestido de duelo

sus pétalos en flor.

Jardinera del alba,

dulce Samaritana,

nos dejas el “agua viva”

de tu vida ejemplar.

Elsa Dorado de Revilla

El Diario, Suplemento Cultural (LP.26.Ene.1986):36.